¿Preocupados?
Mariano Borzel
Economista

Tras décadas de crecimiento de la desigualdad mundial, instituciones como el G20, la OCDE o el FMI recién ahora empiezan a considerar el tema. Por caso, en un informe previo al último G20, el FMI señaló que el crecimiento inclusivo «sigue siendo una asignatura pendiente». El derrame no derrama.
El Fondo también afirmó en su blog: «Las reformas estructurales gozan de mayor respaldo político cuando los consiguientes aumentos del ingreso se distribuyen de forma más amplia». La verdadera preocupación es que la población no se oponga a este tipo de medidas. Una alquimia difícil de conseguir. Según el FMI, «las políticas fiscales son el principal mecanismo que tienen los gobiernos para redistribuir el ingreso». ¿Por qué entonces luego, con sus intervenciones, presiona sin tregua a los países para la obtención de excedentes fiscales?
El argumento que utilizan es el de hacer «sostenible» el sendero de la deuda (repagable en el tiempo). Pero con el ajuste se logra lo contrario: se reduce la capacidad de pago, debido a la caída de la actividad económica y al impacto en la recaudación fiscal. La refinanciación se transforma en norma, mientras los intereses no paran de crecer. Grecia, por ejemplo, finalizó su programa con la troika y hoy tiene mucha más deuda que cuando comenzaron los rescates.
En rigor, la deuda funciona como un potente mecanismo para profundizar la dependencia externa e impedir cualquier proceso de desarrollo.
Argentina está inmersa en esta clase de círculo vicioso. El ajuste fiscal y monetario es apenas un doloroso anticipo. La punta del iceberg de una serie de cambios más estructurales que reclaman los mercados (flexibilización laboral, jubilación privada). El verdadero objetivo es transformar las bases de la sociedad e incrementar la ganancia de las grandes empresas. La distribución del ingreso: «Te la debo».