Prevenir y curar
Dengue
El brote, que aún no llegó a su pico máximo, representa un desafío sanitario para el país. Información y comunicación, las claves para disminuir el impacto y frenar la proliferación del mosquito. El efecto del calentamiento global.
María José Ralli

Vector. El cambio climático favorece la supervivencia del Aedes aegypti. (Shutterstock)

El dengue es un tema serio. América Latina vive la peor epidemia de su historia con más de 1.500 muertos y 3 millones de contagios en 2019, según el más reciente informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Se trata del máximo histórico, y avanza exponencialmente.
Hoy, es la enfermedad viral transmitida por mosquitos que más rápidamente se propaga por todo el planeta, en parte por efecto del calentamiento global, que propicia una proliferación más rápida y una mayor supervivencia del Aedes aegypti, transmisor del dengue.
Este problema, que la OPS considera «doméstico y comunitario», en Argentina llegó a la condición de nuevo brote, después del último registrado en 2016. Este escenario enfrenta al país a una nueva emergencia epidemiológica. «Era esperable con un contexto regional de aumentos de casos en Sudamérica y el Caribe, y con más de 300.000 casos en Brasil y 90.000 en Paraguay», explica Javier Farina, médico infectólogo y director del Comité de Infectología Crítica de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva. A la fecha, hay más de 4.000 casos sospechosos en el país, con una curva de identificación mucho más veloz a la registrada en el brote de  2016. «Nos preocupa además que este año está circulando el serotipo 4. El dengue tiene cuatro cepas o serotipos. Cuando una persona padece una segunda infección por dengue con otro serotipo –con el mismo no puede, porque el organismo genera anticuerpos– tiene más probabilidad de generar las formas graves de la infección», explica Farina.  


Vasos vacíos
Una vez más, la comunicación y la información a la población resulta fundamental para disminuir el impacto. Las primeras acciones son la concientización, la reducción de criaderos domiciliarios y la asistencia médica oportuna.
Respecto a las medidas de prevención, son las que ampliamente se conocen durante el verano: descacharreo de elementos que junten agua, como llantas de neumáticos, envases vacíos, platos de macetas, y cambiar el agua de bebederos de mascotas al menos cada dos días. Además, usar repelentes y poner mosquiteros en las ventanas. «De esta forma se combate la reproducción del vector y evitamos que pique y que traslade el dengue de una persona infectada a una no infectada. Solo así se logra frenar la cantidad de casos», sostiene Farina, quien hace hincapié en la necesidad de seguir informando y sostener la campaña de descacharreo durante todo el año, eliminando las larvas latentes en aguas estancadas.
«Es una cuestión de conciencia social. Hoy llegamos tarde para detener el incremento, pero hay que pensar para adelante. Es fundamental en el invierno eliminar los huevos de los mosquitos», advierte, y considera que la problemática debería ser incluida en la educación escolar: «Abordar el tema de las infecciones transmitidas por mosquitos para generar una conciencia global y de esa forma frenar la incidencia de estos brotes».
Los síntomas que presenta el dengue son fiebre acompañada de dolor detrás de los ojos, dolor de cabeza, muscular y de articulaciones, náuseas y vómitos, cansancio intenso, aparición de manchas en la piel, picazón y/o sangrado de nariz y encías. «Aquí es donde también deben tomar conciencia los profesionales de la salud y sospechar de dengue como una patología cuando un paciente llega a la consulta», explica el médico infectólogo.
Para frenar el brote, el reto sanitario involucra al Estado, los medios de comunicación y la comunidad, con acciones de prevención y control. «Con acciones sostenidas hay posibilidad de frenarlo y sin duda disminuir los casos a futuro –concluye Farina–. Toda la comunidad puede colaborar para ayudar a disminuir la propagación de la enfermedad».