Prohibido morir aquí
Elizabeth Taylor - La Bestia Equilátera - 253 páginas

El Hotel Claremont no es un geriátrico, aunque en parte funcione como tal. Tiene una rutina de comidas y horarios; un paisaje de huéspedes fijos que viven de su jubilación y ahorros. A esa dinámica se debe acoplar la señora Palfrey, quien decide que ya no puede vivir sola tras la muerte de su marido. La única condición que ponen los dueños es que los huéspedes no pueden morir allí. Precisamente, ese enunciado fue el que eligió Elizabeth Taylor para el título de su novela. Lo primero que le preguntaron a Palfrey cuando la vieron llegar fue: «¿Tienes parientes en Londres?». Y ella, movida por un optimismo injustificado, prometió la visita de un nieto que nunca se concretó. Solo se pudo liberar de la tensión generada por la ausencia con un golpe de azar: la aparición casual de Ludo, un joven escritor que no tuvo problemas en llamarla abuela. Desde entonces, en un juego de cambios de identidades, Ludo pasó a ser Desmond, su nieto. La otra Elizabeth Taylor, como se titula una biografía sobre la autora inglesa, que debió cargar con el peso de compartir nombre con la icónica actriz, fue construyendo una obra cargada de una sensibilidad entrañable, ignorada por sus contemporáneos, salvo valiosas excepciones, como Kingsley Amis. Luego de su muerte en 1975, su literatura fue rescatada por la elegancia de la prosa y por la observación profunda de la vida cotidiana. En Prohibido morir aquí (1971), Taylor indaga sobre la soledad, la tentación de la melancolía, las posibilidades de la amistad intergeneracional. Y, también, da cuenta del valor de la fabulación como un modo posible de ampliar aquello que llamamos realidad, al menos cuando ya no tenemos a nadie que nos juzgue.

Damián Huergo