Puertas abiertas
Cooperativa obrera
Con 3.000 integrantes, organizados en 14 regiones, los círculos de consumidores impulsados por la entidad nacida en Bahía Blanca, que cuenta con 124 casas distribuidas en cuatro provincias, constituye un notable espacio de debate y participación.
Silvia Porritelli

Consumo. La Obrera está presente en Buenos Aires, Río Negro, La Pampa y Neuquén. (Horacio Culaciatti)

Fue en el año 1997 cuando la Cooperativa Obrera Limitada de Consumo y Vivienda de Bahía Blanca impulsó la creación de un modelo de participación muy particular a través de lo que se denomina como Círculo de Consumidores. «Se trata de un espacio donde los consumidores de la cooperativa se reúnen espontánea y solidariamente para hacer críticas y sugerencias, para hablar sobre los productos y artículos, enterarse de los proyectos comerciales e institucionales y, también, para realizar actividades en conjunto», cuenta Mónica Giambelluca, integrante del Comité de Dirección del Círculo de la entidad solidaria.
Giambelluca, quien fue presidenta de la cooperativa hasta mediados de 2017, rememora los inicios de esta interesante herramienta de participación cooperativa. «En ese momento desembarcaron las grandes cadenas de supermercados en nuestra ciudad y la Obrera decidió armar este espacio en cada barrio donde tenía una sucursal. Al principio las reuniones se hacían en sociedades de fomento, bibliotecas o diferentes sitios de la comunidad», recuerda la dirigente. Además de vecinos, a las reuniones asisten empleados y funcionarios de la entidad. «Allí se tratan diferentes temas vinculados con el consumo y cada tanto explicamos cómo funciona la cooperativa, qué objetivos persigue y también nos interesa contar su historia para que las nuevas generaciones, y quienes no la conocían, sepan cómo surgió y cómo se fue desarrollando», dice Giambelluca.
Presente en más de 60 ciudades, una vez que la cooperativa llega a una nueva localidad, se vincula con las instituciones y las organizaciones sociales de la zona e inmediatamente conforma una nueva sede del Círculo. Agrupados en 14 regiones, unos 3.000 consumidores intervienen activamente en este espacio, y los temas tratados a lo largo del año, en cada lugar, luego son votados y presentados como ponencias por los delegados en las convenciones regionales.
Además de discutir calidad y variedad de productos, los consumidores organizados abordan diferentes preocupaciones y problemáticas sociales. De esos debates, generalmente, surgen propuestas muy interesantes, como la baja de contenidos de sales en los alimentos. Esta iniciativa permitió reducir el contenido de sodio e incorporar aceites vegetales ricos en ácidos grasos, esenciales para el cuidado de la salud, en los productos que manufactura la cooperativa. «Una de las propuestas más interesantes que surgieron en el seno de las reuniones –destaca la dirigente–, fue la campaña que impulsamos para que se dictara la ley nacional que obliga a añadir ácido fólico a las harinas».

Tarea comunitaria
Por otro lado, además de satisfacer las necesidades económicas de sus asociados, la Cooperativa Obrera desarrolla una importante tarea social, cultural y recreativa en cada una de sus sedes. Los ejes de sus actividades son: Alimentación y salud, Medio ambiente y Participación comunitaria. Debates, recitales, espectáculos, además de numerosos cursos y talleres, forman parte de las diferentes acciones que se despliegan en el marco de la gerencia de cultura, con el acompañamiento del círculo de consumidores.
Respondiendo a los fines cooperativos, la organización bahiense contribuye al crecimiento y al desarrollo sostenido de las economías de los lugares en donde actúa. Giambelluca subraya que, «como empresa de la economía social y solidaria, la Obrera no solo distribuye sus beneficios entre sus asociados, sino que también aporta al fomento de nuevos emprendimientos económicos que generan trabajo, más asociatividad y progreso en las comunidades».