Punto de partida
Alberto Fernández en la Casa Rosada
El nuevo Gobierno traza un panorama complejo a raíz de la situación heredada: combate a la pobreza, recomposición del sistema productivo y reformas en la Justicia, entre los anuncios iniciales. Disputa por el perfil del macrismo en la oposición.
Jorge Vilas
Periodista

Festejos. Una multitud celebró el regreso del peronismo al poder, en un recorrido que unió la Plaza del Congreso con la Plaza de Mayo. (Télam)

Donde pone la mirada el nuevo presidente, Alberto Fernández, encuentra problemas graves que deberá resolver. En primer lugar, la debacle social causada por las políticas neoliberales aplicadas por su predecesor. El enorme endeudamiento externo también es un frente fundamental para el flamante Gobierno. Tanto como el deterioro de la calidad institucional y el complicado marco regional, agravado por el reciente golpe en Bolivia que muestra cómo la derecha neoliberal está dispuesta a todo para terminar con los proyectos políticos que atentan contra sus intereses. A estas cuestiones, entre otras, se refirió el presidente en su discurso inicial ante la Asamblea Legislativa. Allí estableció claramente que la prioridad es la deuda social. «Más de 15 millones de personas sufren de inseguridad alimentaria en un país que es uno de los mayores productores de alimentos del mundo. Necesitamos que toda la Argentina unida le ponga un freno a esta catástrofe social. Uno de cada dos niñas y niños es pobre en nuestro país. Sin pan no hay democracia ni libertad», afirmó y anunció que una de las primeras acciones del Gobierno será la implementación del Plan Integral Argentina Contra el Hambre.
Acerca de la economía, brindó una serie de datos para mostrar el deterioro causado desde 2015. «La inflación que tenemos actualmente es la más alta de los último 28 años. La tasa de desocupación es la más alta desde 2006. El valor del dólar pasó de 9 pesos a 63 pesos en solo cuatro años. La Argentina no para de achicar su economía. El PBI de 2019 es el más bajo de la última década. La deuda externa en relación al PBI está en su peor momento desde el año 2004», enumeró. «Recibimos un país frágil, postrado y lastimado», resumió. Por eso, concluyó, «el plan macroeconómico que perseguimos es una pieza central pero no aislada de un proyecto nacional de desarrollo que comprende múltiples áreas interrelacionadas».
Fernández ratificó el apoyo a las políticas de memoria, verdad y justicia, dejadas de lado por el macrismo, anunció cambios en la Justicia (ver Comodoro Py) y planteó un debate acerca de una «propuesta de transformación y coordinación estructural de toda la política de seguridad ciudadana y prevención de la violencia». Asimismo, Fernández recibió una ovación del recinto cuando dijo: «Ni una menos debe ser una bandera de toda la sociedad. El Estado debe reducir drásticamente la violencia contra las mujeres hasta su total erradicación». A medio camino quedó la expectativa respecto del área de medios. Fernández anunció cambios en la distribución de la pauta publicitaria y en la modalidad de los avisos oficiales, aunque no mencionó a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, desactivada en sus cláusulas antimonopólicas por el macrismo, dejando entrever que, al menos por el momento, la situación de hiperconcentración mediática no estaría en la agenda del Gobierno.
Así como son muchos los desafíos a enfrentar, Fernández no arranca de cero. Antes de su llegada a la Casa Rosada su frente político, con el protagonismo de Cristina Fernández, tejió alianzas, acuerdos y vínculos, con sectores cercanos para consolidar una presencia mayoritaria en el Senado y fortalecer el número en Diputados, de cara a lo que serán trascendentes discusiones por los proyectos que el nuevo Ejecutivo requiera para el inicio de su gestión. Mientras los analistas políticos más renombrados de los medios hegemónicos gastaban tinta y tiempo en diarios, radios y televisión buscando los motivos de eventuales polémicas y rupturas, la vicepresidenta logró alinear las fuerzas legislativas en un marco de unidad, y el presidente conformó un Gabinete que registra la pluralidad del armado que le permitió vencer al macrismo en agosto y octubre.


Choque con la realidad
Por su parte, Macri gastó sus últimos días en el poder en un intento de maquillar su legado. Con una cadena nacional, un multitudinario acto en Plaza de Mayo y un video difundido por redes sociales, el expresidente anunció sus pretensiones de liderar la oposición y presentó un panorama del país que no se condice con los datos oficiales de la economía. Ni siquiera sus apelaciones a una mejor institucionalidad ni la «inserción inteligente en el mundo» soportan el contraste con la realidad. Sin embargo, para liderar la oposición Macri no solo tendrá que reconciliarse con la realidad, sino que fundamentalmente deberá lidiar con los dirigentes de su propio sector que aspiran a renovar la alianza tras la fuerte derrota electoral. Ya fuera del poder, comenzarán los pases de factura al líder que no logró la reelección. Su propio ministro del Interior, Rogelio Frigerio, sentenció que «el liderazgo de la oposición tiene que ser más horizontal y generoso». Y no fue el único. La exgobernadora María Eugenia Vidal también tomó distancia de Macri, al que culpa por su derrota. Mientras que el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, aparece como el que está en mejores condiciones de encabezar el futuro del Pro, los radicales tendrán una fuerte discusión interna ya que cada vez son más los dirigentes que quieren cambiar el rol del histórico partido en la coalición. De esos choques surgirá el perfil de la oposición. Tanto la presencia en el escenario de Plaza de Mayo de Miguel Ángel Pichetto, presentado como el gran aliado de Macri, como la designación de Patricia Bullrich como titular del Pro, muestran una tendencia hacia la «bolsonarización» del macrismo.