Realineamientos de campaña
Elecciones nacionales
El oficialismo intenta disimular su desgaste interno tras la dura derrota en las Primarias mientras sus candidatos locales toman distancia del presidente. Aumento de la conflictividad social y proyecciones para la futura composición del Congreso.
Franco Mizrahi

A solas. Mauricio Macri inauguró obras de remodelación del aeropuerto de Mar del Plata sin la compañía de la gobernadora Vidal. (NA/José Scalzo)

El presidente Mauricio Macri apuesta a la campaña del optimismo para buscar un golpe de efecto que le permita ilusionarse con acceder a un improbable balotaje. Con la instalación del slogan #SíSePuede y una treintena de marchas convocadas en distintas ciudades del país, el mandatario dio inicio a la segunda etapa de la carrera por el sillón de Rivadavia. Pero su presunto entusiasmo choca con una cruda realidad: los postulantes del oficialismo quieren distanciarse de la imagen del jefe de Estado. Esconden su figura.
El caso del intendente de Quilmes, Martiniano Molina, es paradigmático. El jefe comunal brega por su supervivencia y por eso decidió distanciarse de sus referentes. Quien recorra este municipio del sur bonaerense verá afiches de Molina con fondo celeste (ya sin los colores de Cambiemos) y sin referencias al presidente ni a la gobernadora María Eugenia Vidal. No es para menos. En las PASO, si bien Molina fue el candidato más votado en la categoría «intendente», su espacio perdió por 20 puntos con el Frente de Todos, que llevó a seis precandidatos (se impuso Mayra Mendoza). El caso de Molina se replica pero con otros nombres en diferentes distritos del Conurbano, y también en otras provincias, donde los postulantes oficialistas sufrieron la imagen del primer mandatario como un «ancla política». En Lanús, por caso, el intendente macrista Néstor Grindetti lanzó un spot que instruye a los votantes para efectuar el corte de boletas.
Un adelantado en la materia fue Jaime Méndez en San Miguel. El candidato a intendente de Juntos por el Cambio, quien responde al ministro de Gobierno bonaerense, el peronista Joaquín de la Torre, logró un corte de boleta muy llamativo: superó con el 46% de los votos al kirchnerista Franco Laporta, que sumó el 37%. El dato es que en San Miguel, Vidal perdió con Axel Kicillof por 35% contra 47% y Macri, 31% contra un 50% de Fernández. En Balcarce 50, algunos funcionarios desconfiados piden que la gobernadora corra a De la Torre del cargo, bajo la sospecha de haber promovido el corte de boleta para salvar a su candidato.
Esta estrategia de esconder al líder del macrismo (y a Vidal en Buenos Aires) conlleva una contradicción muy difícil de disimular para los impulsores del #SíSePuede: si se promueve el corte de boleta, ¿cómo harán el presidente y la gobernadora para sumar nuevos votos en las generales? Un alto funcionario de la Casa Rosada, atento a este cuadro de situación, reconoció que la pendiente de cara a octubre está muy cuesta arriba para Juntos por el Cambio. Esto explica también por qué los factores de poder dieron por iniciada la transición presidencial. Los poderes económico y judicial ya se están moviendo como si el nuevo jefe de Estado fuera Alberto Fernández. Esos movimientos ocurren sin que estén consolidados los resultados de las PASO: al fin y al cabo, Fernández no es un presidente electo.


Juego de coaliciones
En tanto, la probable proyección de resultados, con base en los registrados el 11 de agosto, permite vislumbrar la futura conformación del Congreso Nacional, que arroja una novedad: podrían dominar la escena dos grandes coaliciones, una oficialista y otra opositora y la atención estará puesta en la forma en que se articularán las diversas corrientes que integran ambos frentes.
De corroborarse los resultados de las PASO, el Frente de Todos, como suele ocurrir con los triunfadores, se mostrará mucho más sólido que Juntos por el Cambio. La alianza que ganó el 11 de agosto se integrará en el recinto a modo de interbloque con el actual bloque del kircherismo y el PJ, más el Frente Renovador, los movimientos sociales, quizás un grupo que represente a los gobernadores y el resto de espacios que se sumaron al armado electoral. Es un cuadro muy plural, pero con la cohesión que brinda toda victoria en las urnas. Sobre todo, al inicio de una gestión.
Su contracara es la entente derrotada en las primarias, donde crujen las relaciones: es una incógnita determinar si logrará evitar una fractura tras el 10 de diciembre. Componen el espacio legislativo de Juntos por el Cambio la UCR, la Coalición Cívica, los monzonistas (referenciados en Emilio Monzó, hoy se definen «en la frontera pero aún con un pie en el macrismo») y el PRO «puro».
¿Dónde radican los puntos más conflictivos de este espacio? Primero, en el partido mayoritario de esta coalición: el radicalismo. En Diputados, por ejemplo, asoma una disputa de poder entre el gobernador saliente de Mendoza, Alfredo Cornejo, mandamás del radicalismo (al menos hasta diciembre cuando se vuelven a elegir autoridades), y el cordobés Mario Negri, quien tiene el respaldo de Elisa Carrió pero sufrió un duro revés en Córdoba, su tierra natal. Además, entre los dirigentes boina blanca que pretenden ganar protagonismo figuran el mandatario jujeño, Gerardo Morales, y el candidato a senador porteño, Martín Lousteau. Referentes del partido centenario ya advirtieron que repensarán cómo posicionarse con respecto al PRO.
El macrismo (o posmacrismo), por su parte, cuenta con la preponderancia del larretismo (si Horacio Rodríguez Larreta mantiene la jefatura de la Ciudad de Buenos Aires será el gran ganador de este espacio) y el vidalismo. Quien representa la unión de estos sectores es el futuro diputado, Cristian Ritondo, exlegislador porteño y hoy ministro de Seguridad bonaerense, quien asoma como líder de este bloque. La vertiente vidalista tiene una relación muy deteriorada con el propio Macri, con el monzonismo (está en un punto de no retorno) y con la Coalición Cívica. Sin ir más lejos, Carrió llegó a denunciar públicamente a Ritondo. Además, la diputada chaqueña también sumó rispideces con el espacio que se reconoce en Emilio Monzó. Por lo que se espera una convivencia un tanto tormentosa en el bloque que actualmente es oficialismo.