Rebequita y las vallas
En el bar
Rudy

Tarde de diciembre en el bar. En la mesa de la ventana, Tobías y Rebequita disfrutan de la hora del ex vermouth, ahora agua, que es más barata (momentáneamente).
–¡Ay, Tobías de mis amores gatos, qué amoroso te ponés a veces! Sí, pidamos que se terminen el hambre, la pobreza, el patriarcado y los que mandan todo el tiempo mensajes a los grupos de wasap.
–Rebequita mía, ¿vos pensás que el mozo nos va a poder resolver todo eso?
–¿Ves como sos? Siempre el mismo machozoico. No me dijiste a quién había que pedirle. Le bajaste el valor a tu amable sugerencia. ¡Todos los equisí son iguales!
–¿Los equisí?
–Sí, hoy me desperté biologifílica. Estamos «las equisequis» y «los equisí» es a nivel de los cremosomas, los crimezones, los comotomas… Los… ¿cómo somos?
–¿Los cromosomas?
–¡Esos!... Bueno, si le tengo que pedir al mozo, le voy a pedir que tenga cuidado con las vallas amarillas, que en cualquier momento se le meten en el bar y lo tropiezan.
–¿Por qué pensas eso?
–Ay, Tobillitooo, es obviológico, mirá, el bar queda en la CABA, y en la CABA está Larreta, que ya llenó todo de vallas amarillas, pero después del 10 de diciembre, va a ser peor.
–¿Por qué, Rebequita de mis amores a contramano?
–Porque lo volvieron votar, y él puso carteles que dicen «ahora más que nunca». ¿Más qué? ¡Más vallas, Tobillito, más vallas!
–No entiendo, Rebequita de mi cansancio crónico.
–Mirá si los llenó de vallas y lo votan igual, él piensa: «Y… a esta gente las vallas le gustan», y entonces pone más. Pero además de estas, va a poner vallas para contener a todos los exfuncionarios macristas de la provincia y la nación, que se quedan sin curro y vienen a vivir de la Ciudad Autónoma. Y las que Mauricio tenía preparadas para distribuir por todo el país, para que no se noten los pobres y decir que había pobreza cero. Y las vallas que la Bullrich había comprado para retener a los manifestantes durante cinco minutos, para después decirles a los gendarmes: «¡No sirvieron las vallas! ¡Vayan!». Y a esto les tenés que sumar las vallas que están actualmente en la Casa Rosada, seguramente el 9, Alberto le va a decir: «Che pelado, sacame de acá estas truchadas, que mañana tengo visitas». ¿Te das se cuenta? Todas esas vallas van a estar desperdigadas por los 100 barrios porteños. Seguro que en el bar también.
–¡Todo tiene un límite, Rebequita de mis anhelos, no exageres!
–¡Vos no me valles! Que además, van a contratar a un montonazo de arqueros.
–¿Arqueros? Rebequita de mi alma en pena, estás delirando carriólicamente.
–No, Tobías de mis mollejas, es porque el arquero, es el… ¡guarda-vallas!