Relaciones difíciles
Choques en la coalición
Se acerca el momento de definir las candidaturas y en el partido centenario crece el descontento con medidas del Gobierno y el desdén con que responde el PRO. Oferta de un puesto en la fórmula presidencial con Macri y presión para dejar Cambiemos.
Alberto López Girondo
Periodista

Permanencia. Morales, Valdés, Cornejo y Salvador, cuatro representantes del radicalismo que quieren seguir dentro de la alianza. (Alejandro Canteros/Gentileza Diario La Época)

La relación de los radicales con el macrismo nunca fue un lecho de rosas. Como un matrimonio por conveniencia, la alianza sellada en marzo de 2015 en Gualeguaychú que dio origen a Cambiemos tuvo un objetivo primordial, que fue derrotar al Frente para la Victoria, pero al precio de una legión de detractores dentro del partido centenario. Fieles a su tradición, todos respetaron el acuerdo aprobado en mayoría de ir a una PASO para dirimir con el PRO quién sería el candidato a presidente por ese espacio, que también integraba la Coalición Cívica, de Elisa Carrió. Pero como alguna vez dijo Mauricio Macri, desde entonces «pasaron cosas». Ahora, cuando se avecina el fin del mandato presidencial, esas cosas que pasaron son un lastre del que muchos dentro de la UCR quieren desprenderse. Como muestra de las diferencias internas, ese tema debería dirimirse en una Convención Nacional que a esta altura está lejos de ser convocada. Toda una señal de las dificultades para encontrar un camino común.
La Convención Nacional es el órgano deliberativo de la Unión Cívica Radical y se reúne para establecer candidaturas y lineamientos políticos. El Comité Nacional, en tanto, es la máxima autoridad política y tiene funciones ejecutivas. Si bien había diferencias desde el primer día de la gestión macrista, podría decirse que cuando el Gobierno decidió volver al Fondo Monetario Internacional las voces de rechazo se extendieron por todo el universo radical.
La crisis económica y la inflación galopante no fueron sino acicates para aquellos que votaron al exalcalde porteño con un broche en la nariz. Y en los últimos meses esas disidencias saltaron a la luz con toda su furia. El choque en Córdoba entre Ramón Mestre y Mario Negri fue apenas un botón de muestra. Ese distrito le dio el triunfo a Macri en 2015, con más de 900.000 votos de diferencia y casi el 72% del electorado. Pero ahora está entre los más decepcionados con la política aplicada desde entonces.
Negri tenía el aval de la Casa Rosada y Mestre, el de Enrique Coti Nosiglia, el eterno operador en las sombras de la UCR, que capitalizó las críticas de dentro del partido. No hubo acuerdo para lograr una fórmula común ni para elecciones internas por desconfianzas mutuas y eso le despeja el camino a Rubén Schiaretti, el gobernador peronista no K. A todo esto, el kirchnerismo local, otrora bastante castigado en la urnas, esta vez prefirió  no designar candidato para avanzar hacia una suerte de unidad con el oficialismo cordobés.


Planteos políticos
Pero el clima denso venía de antes. Las quejas por el desprecio con que los radicales son tratados dentro de Cambiemos crecía entre los correligionarios y comenzó a hacerse más visible a medida que la crisis económica fue elevando el malhumor social. Tanto Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza y presidente del Comité Nacional, como Gerardo Morales, mandatario jujeño, lo expresaron en planteos acerca del brutal aumento en las tarifas de servicios públicos.
Al mismo tiempo, otro sector, con menos presencia territorial, como el de Ricardo Alfonsín, el hijo del expresidente; Federico Storani, vicepresidente del Comité; y Jorge Sappia, titular de la Convención Nacional, se quejaron de que nunca habían sido consultados para las decisiones más conflictivas. «El acuerdo con el FMI se anunció un martes y ese lunes Cornejo estuvo en la Casa Rosada y salió hablando de cualquier tema; si le dijeron lo del Fondo y lo ocultó, es más grave todavía; pero creo que ni se enteró», recalcó Sappia, que fue ministro de Trabajo provincial durante el gobierno de Eduardo Angeloz.
El tema del empleo, precisamente, preo-cupa a Ricardo Alfonsín. «¿Han visto los términos del proyecto de reforma laboral? Es imposible que la UCR acompañe muchos de sus artículos», protestó desde su cuenta de Facebook. «La UCR debe aclarar que no participó y nada tuvo que ver en la elaboración del mismo. No puede pasar ni un día más sin que la sociedad lo sepa. Además, por lealtad con los aliados, debemos sugerirles que lo revean», continuó.
Como para calmar las aguas, desde Balcarce 50 salieron versiones de que el Gobierno estaba analizando con los caciques radicales la posibilidad de que en octubre haya una fórmula compartida: Macri presidente y un radical como vice.
Pero lejos de apaciguar los ánimos, la presunta oferta elevó el fastidio y fue el mismo Alfonsín quien ironizó que ese no es el tema central para debatir. «Espero que los radicales le hagan saber al PRO que la responsabilidad de los problemas de los argentinos no es de (la vicepresidenta Gabriela) Michetti, sino de las políticas aplicadas o de las ideologías que las inspiraron».


La vicepresidencia
Los voceros del oficialismo tampoco son demasiado partícipes de una jugada como esa. Marcos Peña, el jefe de Gabinete, considera que sería esencial una fórmula con una mujer como vice. Y los radicales no tienen a ninguna con suficiente peso específico entre sus filas.  
Pero quizás lo que prime sea el consejo del asesor ecuatoriano Jaime Durán Barba, quien en una entrevista con el CEO de Perfil, Jorge Fontevecchia, recordó que «(José María) Velasco Ibarra fue elegido cinco veces presidente de Ecuador y derribado cuatro veces por el vicepresidente. Definía al vicepresidente como “un conspirador resuelto”. Por eso, no es aconsejable que quien esté en la vicepresidencia no sea de la confianza del presidente».
Más allá de esta controversia, la UCR se muestra como una federación de partidos provinciales y actúa en consecuencia. Los gobernadores –Morales, Cornejo y Gustavo Valdés, de Corrientes– retacean el apoyo a Macri  porque lo perciben a esta altura como un salvavidas de plomo, por eso desdoblaron las elecciones en sus distritos. Pero no rompen por necesidad política, ya que precisan del Gobierno para cerrar las cuentas. Daniel Salvador, el vice bonaerense, mantiene una relación óptima con María Eugenia Vidal, de modo que ni sueña con sacar los pies de plato.
Los que quieren romper creen que la Convención no será citada. «No hay tiempo para hacerlo antes de junio, en que se definen las candidaturas. Tenemos elecciones en 127 municipios cordobeses el 14 de abril y a gobernador el 12 de mayo; antes las PASO en Santa Fe el 28 de abril. Dicen que convocarían para el 25 de mayo. ¿Cómo?, ¿para qué?», se pregunta Sappia.
Alfonsín quiere unas PASO más amplias, con el Partido Socialista santafesino y el sector de Margarita Stolbizer adentro. Storani vería con buenos ojos a un candidato como Martín Loustau. En todo caso, cree que de quedarse en Cambiemos, será «necesario reformular reglas de juego, entre ellas, que exista una mesa realmente institucionalizada permanente, que tenga la oportunidad de discutir las políticas públicas porque si no, para muchos de nosotros es absurdo estar responsabilizándonos de políticas que ni siquiera podemos discutir previamente».