Relato de un cientificidio
El ajuste de Cambiemos
Investigadores despedidos, ahogo presupuestario y caída de salarios conforman solo el aspecto más visible de una política que apunta a desarticular el pensamiento crítico y la autonomía tecnológica. Debate en el Centro Cultural de la Cooperación.
Pablo Tassart

Sala Osvaldo Pugliese. Diker, Salvarezza, Junio, Kornblihtt, Giniger y Cortés abordaron en el CCC la crítica situación del sector. (Horacio Paone)

Cientificidio» es, además del título del debate organizado en en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (CCC), la palabra acuñada por científicos e investigadores en lucha contra los abrumadores recortes y ataques que el Gobierno de Mauricio Macri ha lanzado contra este sector. Se trata, en definitiva, del cruce imposible entre neoliberalismo y pensamiento crítico.
Destacados científicos, docentes e investigadores participaron de la charla, que abordó, entre otros temas, la grave situación presupuestaria que padecen los centros de investigación y las universidades públicas. Coordinada por Juan Carlos Junio, director del CCC, la mesa estuvo compuesta por la antropóloga Nuria Giniger, integrante de Liberación - Corriente UcyT; Gabriela Diker, rectora de la Universidad de General Sarmiento; Martín Cortés, investigador en Ciencias Sociales y coordinador del Departamento de Estudios Políticos del CCC; el diputado Roberto Salvarezza, quien fue presidente del CONICET entre 2012 y 2015, y el biólogo molecular Alberto Kornblihtt, recientemente elegido en el directorio del organismo.
Junio abrió la charla destacando la lucha de los científicos contra un gobierno al que caracterizó como «antinacional», con un plan que va más allá del ajuste presupuestario y apunta a un «rediseño del modelo de país», para lo cual hace falta «la liquidación orgánica de los estudios científicos y tecnológicos argentinos» y lo comparó «con otras épocas de oscurantismo como las del menemismo y la Noche de los Bastones Largos».
Por su parte, Martín Cortés propuso comenzar a pensar cómo sería reconstruir el mundo de la ciencia, proponiéndola como parte de un plan nacional y regional de soberanía para un proceso de transformación. Además, recalcó que las Ciencias Sociales latinoamericanas tuvieron sus épocas de esplendor cuando «se asumieron dentro de un proyecto político» y supieron «tomar partido con rigurosidad», destacando las discusiones sobre el desarrollo, la dependencia y, más recientemente, el populismo.  
«En 2016 Alejandro Rozitchner pidió dejar de lado el pensamiento crítico», recordó fervorosamente en la apertura de su exposición Nuria Giniger, señalando la propuesta como un signo de la época macrista. Por eso, la investigadora del Conicet remarcó que la discusión sobre ciencia debe ser «un derecho humano». Del mismo modo, marcó diferencias con la «meritocracia», tan mentada por el macrismo: «Debemos volver a discutir quién debe hacer ciencia. Nosotros tuvimos un proceso de ampliación de la cantidad de estudiantes universitarios. Tuvimos una “plebeyización” de nuestras universidades», y rescató esa característica del proceso político anterior como un horizonte a volver a alcanzar.

Campaña de desprestigio
Gabriela Diker, con el pañuelo verde de la campaña por la legalización del aborto atado en su cartera, realizó una pintura general del modo en que esta crítica situación afecta al sistema universitario. Sin embargo, insistió en que la política macrista no solo se trata de ajuste sino que es parte de una «campaña de desprestigio» expresada en los medios de comunicación, e incluye también persecuciones penales. Además, denunció la embestida contra la autonomía universitaria destacando que «en el año 2017 se registraron por primera vez desde el retorno de la democracia ingresos de fuerzas de seguridad a campus universitarios». Para cerrar, dimensionó el nivel de impacto que la crisis tiene entre sus estudiantes: «En la universidad que yo conduzco, que queda en el segundo cordón del Conurbano, hay alumnos que dejan de venir porque no pueden pagar el transporte o solicitan aumentar los subsidios al comedor».
El trasfondo geopolítico del ataque al sistema de ciencia y al complejo tecnológioc nacional fue abordado por Roberto Salvarezza. «Hoy este gobierno encarna a un grupo empresarial que ha comprado un plan del Fondo Monetario Internacional, que tiene que ver con los préstamos, pero también con llevar a la Argentina a un modelo de economía primaria», dijo. Como ejemplos, mencionó los ataques regionales a la producción de tecnologías como «la nuclear, la explotación petrolera offshore con Petrobras, la producción de aviones con Embraer asociándose con FADEA y la que salía a disputar el mercado aeroespacial», y agregó «la cesión del cielo argentino a veinte satélites de compañías extranjeras y la suspensión de la construcción del ARSAT 3».
Por otra parte, el diputado condenó la instalación de la idea de «ciencia útil versus ciencia inútil» por parte del Gobierno, además de reclamar un apoyo para todas las ciencias, «como en la mayoría de los países desarrollados del mundo», y ejemplificó con el aporte de las Ciencias Sociales al esclarecimiento de causas de lesa humanidad: «Gracias al trabajo de algunas investigadoras del CONICET como Vicky Basualdo, que hizo un estudio sobre la causa Ford, se llegó a la sentencia. ¿Cómo se puede medir esa contribución?».
El cierre fue de Alberto Kornblihtt, quien con humor y elocuencia arremetió una y otra vez contra el secretario de Ciencia y Técnología, Lino Barañao, a quien calificó de «converso» y «ajustador». Y de modo sorpresivo le «agradeció» a Macri, ya que le permitió conocer, gracias a la lucha de estos años, a «compañeros de calle y de lucha con los cuales tiene sentido la vida», en referencia a Nuria Giniger, presente en el panel.
Finalmente, calificó a la investigación como una actividad «irreprimible» ya que «es imposible que los jóvenes formados en las universidades públicas dejen de preguntarse cosas sobre el mundo». Y atacó la idea del emprededurismo en la ciencia, promovida por el macrismo. «Ellos ven a un joven científico en su garage que inventa la pólvora y genera una empresa que tiene éxito», dijo, y agregó: «Eso atenta contra las bases sociales de la ciencia que es una actividad colectiva y que no está hecha para que un individuo se salve. Por eso no me preocupa el “ciencia para qué” sino “para quién”. ¿De quién viene la demanda? ¿Es social? ¿Es de un gobierno o es del Estado con un sentido de transformación social?».