Resistir, una vez más
Hotel Bauen
El nuevo escenario que genera la pandemia mundial de coronavirus golpea duro a un emblema de la autogestión en la Argentina. Sus trabajadores montaron una guardia permanente y pusieron a disposición del Estado las 300 plazas del lugar.
Mariana Aquino

En riesgo. Los asociados manifiestan una gran preocupación por el futuro del hotel. (Télam)
 

Después de 17 años de autogestión, de resistir incontables intentos de desalojo, de afrontar aumentos impagables en las tarifas, el hotel Bauen, emblema de las empresas recuperadas de Argentina, atraviesa, nuevamente, un momento difícil ante la pandemia de coronavirus. Hoy tienen facturación cero por la paralización de la actividad turística y, en consecuencia, sus trabajadores y trabajadoras no pueden recibir la totalidad de sus retiros. Por ahora cobran adelantos semanales pero, según aseguran desde la cooperativa, pronto se terminarán los fondos.
«Vivimos de lo que estará prohibido por mucho tiempo: los viajes, la gastronomía, los eventos. Nosotros sí que estamos bien al final de la cola de la reactivación. La situación es muy complicada. Si no se toman medidas políticas urgentes, muchas de nuestras experiencias de trabajo genuino van a desaparecer», afirma Horacio Lalli, uno de los asociados.
En este contexto, las 300 camas del Bauen están a disposición para ser hotel de aislamiento de enfermos leves, un ofrecimiento que se realizó tanto al Gobierno nacional como al porteño.  Sin embargo, al cierre de esta nota todavía no recibieron respuesta por parte de ningún organismo estatal. «Sería una empresa más del conjunto de recuperadas que están ofreciendo sus servicios para paliar la emergencia. Es un hotel de 20 pisos, en pleno centro de la Ciudad de Buenos Aires, de fácil acceso y con una disponibilidad total, porque está cerrado y sin un solo pasajero», afirma Federico Tonarelli, vicepresidente.
Por su parte, Eva Losada, presidenta de la cooperativa, imagina las necesidades que estarán pasando sus compañeras en sus casas, ahora sin trabajar. «Duele saber que muchas la están pasando mal y no las podemos ayudar. Nos duele saber que después de tanto esfuerzo, de pelearla tantos años, nos venimos a caer ahora, por una pandemia. Si no trabajamos, no tenemos de dónde conseguir el pan de cada día y, como no ingresa plata, no podemos pagarles a los proveedores. Y esto no le pasa solo al Bauen, ninguna cooperativa está en condiciones de sostener esta situación».
Cuatro trabajadores pasan el aislamiento social preventivo obligatorio en el hotel. Héctor Oscar Galván, encargado de recepción, es uno de ellos. «La idea es mantener una guardia permanente en el hotel para que desde afuera se sepa que el lugar no está solo, que lo estamos cuidando, como siempre». Allí reciben provisiones y respaldo de sus demás compañeros. «Es la rutina dura, no es fácil estar lejos de la familia pero tenemos que cuidar nuestro lugar. Acá nos quedamos hasta el final».