Rosita
Verónica Chen

Que se fue al outlet de zapatillas, le dicen a Lola, recién llegada a la casa, sus dos hijos. Al rato Lola se encuentra frente al noticiero televisivo, asistiendo a los detalles escabrosos de la desaparición de una chica y del hallazgo de su cuerpo. Desesperada, acude a la policía a hacer la denuncia: la que no está es su hija más pequeña, Rosita, y el que se la llevó es el padre de Lola, Omar. Cuando más tarde la nena regresa junto con el abuelo, la intriga que apuntaba al policial se disipa para dar paso al relato de otra tensión y otros dramas. La información aparece de a poco, fragmentaria y algo desordenada. Omar, que tiene un prontuario delictivo, abandonó a su hija cuando era chica. Y ahora aloja a ella y a sus tres nietos en su casa del Gran Buenos Aires, como parcial compensación por las desatenciones del pasado. A partir de una anécdota argumental muy pequeña, Rosita induce preguntas sobre temas más grandes: la responsabilidad de los padres, la pobreza, la educación, la criminalidad y los prejuicios en un tejido social descompuesto. La película no tiene la fuerza de obras previas de Chen (Vagón fumador, Agua), pero consigue con muy pocos elementos –fundamentalmente la convicción de sus dos actores principales, Sofía Brito y Marcos Montes– mantener la atención sobre el diálogo por momentos imposible entre los protagonistas.

Mariano Kairuz