Samba flexible
Ivan Bilyk
Economista

Durante los últimos dos años la participación de los autos nacionales en el total de ventas en concesionarios ha tocado un mínimo histórico. Actualmente, de cada 10 vehículos que se comercializan en el mercado local solo 3 son argentinos (contra 5 en 2015). Esta situación es consecuencia del ingreso masivo de rodados brasileños, habilitado principalmente por la modificación de una norma técnica que regula el comercio automotriz con el país vecino.
Desde 2001, el intercambio de vehículos y autopartes con Brasil se rige mediante un coeficiente llamado flex (hoy en 1,5), el cual determina que los fabricantes nacionales pueden comprar productos brasileños por hasta 150 U$S por cada 100 U$S que exporten a dicho país, si importan de más deberán abonar aranceles.
Sin embargo, desde diciembre de 2015 un conjunto de empresas automotrices ha incumplido sistemáticamente con la normativa, elevando el promedio de importaciones un 40% por encima de lo permitido. Esto fue posible gracias a que el gobierno nacional extendió el período para el cual se mide el cumplimiento del flex a cinco años en vez de a uno como existía previamente. Bajo este nuevo marco, hoy las terminales locales pueden importar de más, mientras luego compensen con mayores exportaciones y lleguen a promediar un flex de 1,5 en el quinquenio 2015/2020.
El argumento de la administración Cambiemos para relajar las restricciones coincide (curiosamente) con el del presidente de Fiat Chrysler, Cristiano Rattazzi: un mayor margen de tiempo otorga un mejor marco para realizar inversiones y aumentar las exportaciones. No obstante, parece improbable que las terminales excedidas cumplan con la norma cuando finalice el período (junio 2020), momento en que el gobierno deberá elegir entre aplicar la norma o validar lo sucedido, situación a la que estarán muy atentas las empresas que sí han respetado el acuerdo.