Sancor: el fin de una cooperativa emblemática
Edgardo Form

(Foto: Daniel Cáceres)

Vamos a una cadena láctea manejada por sectores privados que van a hacer lo que quieren», expresó Luis Contigiani, ex ministro de la Producción de la Provincia de Santa Fe y actual diputado nacional, con motivo de la venta de SanCor a la empresa Adecoagro por alrededor de 400 millones de dólares.
Sin duda, una mala noticia para el cooperativismo, sobre todo si se tiene en cuenta que se trata de una empresa emblemática, fundada el 17 de septiembre de 1938 por productores lecheros de Santa Fe y Córdoba. La historia de esta cooperativa, dedicada a la industrialización y comercialización de productos lácteos, tiene innumerables coincidencias con la creación y desarrollo de emprendimientos asociativos y solidarios en nuestro país. El punto de partida fue la unión de los pequeños tamberos de la cuenca lechera santafesina y cordobesa para mejorar su situación económica frente a la acción monopólica de la firma británica The River Plate Dairy Co. Ltda., fundada en noviembre de 1921.
A través de la ayuda mutua y el esfuerzo propio, dos requisitos esenciales de la gestión cooperativa, los productores asociados comenzaron a recibir un mejor precio por el contenido graso de la leche que entregaban a la empresa de propiedad conjunta. Así, paulatinamente, SanCor multiplicó su capacidad productiva elaborando manteca, quesos, leche en polvo, dulce de leche, leche U.A.T. de larga vida, leche refrigerada, leches saborizadas, leches infantiles y crema. Y además de abastecer al mercado nacional, se expandió en el ámbito internacional con esa marca histórica.
Al momento de la asamblea que posibilitó la constitución de una sociedad anónima, a la que se transfirieron el 90% de las acciones, SanCor Cooperativas Unidas Limitada contaba con 520 productores asociados y 55 cooperativas integradas.
«El gobierno nacional cumplió su objetivo de privatizar una parte importante de la historia de la lechería argentina», sostuvo Luis Contigiani, quien en 2016 denunció los intentos de privatización del gigante lácteo. «Era tratar de no hacer nada para que SanCor se salve como cooperativa, dejarla inerte y al límite, sin alternativas, para que finalmente algún grupo privado con buena relación con el gobierno terminase en una sociedad anónima», afirmó el legislador santafesino. Y ese propósito privatista, a contramano de la naturaleza cooperativa, se cumplió dejando en manos de Adecoagro –un grupo económico creado por George Soros en 2002 y luego transferido a otros financistas– los 80 años de una firma emblemática del cooperativismo argentino.
Al momento de analizar las causas de la crisis que desembocó en esta lamentable y dolorosa situación, es indispensable revisar la gestión de los consejeros y funcionarios, como así también el grado de participación de los asociados en la toma de decisiones.
Se sabe por experiencia que la escasa o nula participación societaria en una entidad de naturaleza cooperativa puede derivar en la concentración del poder de decisión en el Consejo de Administración o, más aún, en una patología denominada gerentismo.
Esta anomalía se genera por la excesiva delegación de atribuciones en manos de los funcionarios, quienes de forma inconsulta con los verdaderos dueños de la cooperativa, los asociados, encaran políticas comerciales que exceden la capacidad de la empresa, provocando endeudamientos siderales con la consiguiente crisis de inviabilidad empresarial.
Hay una máxima que siempre debe tenerse en cuenta para una buena gestión cooperativa, junto con la observancia de los valores y principios de la cooperación:  que todo proceso de integración en instancias superiores, alianzas estratégicas o inversiones de gran magnitud, siempre deben tener como premisa que su objetivo sea beneficiar a los asociados y, por extensión, a la comunidad. La gestión gerencial inconsulta y la escasa o nula participación de los asociados forman parte, seguramente, de las causas que desembocaron en la desaparición de SanCor, aunque su marca comercial permanezca con el prestigio que le dieron los tamberos fundadores.
El gran desafío que enfrentan las entidades del sector de la economía solidaria es el de conservar su naturaleza y competir en un mercado cada vez más agresivo, demostrando que a través de la ayuda mutua y el esfuerzo propio, con participación activa y democrática de los asociados, dirigentes comprometidos y funcionarios imbuidos del ideario cooperativo, se puede demostrar que es posible organizar la producción de bienes y servicios con un profundo sentido de responsabilidad social.