Sembrar conocimiento
Crecer cooperando
La Fundación Banco Credicoop y el BID capacitaron a más de 1.000 pequeños productores para mejorar las condiciones de sus cultivos frente al cambio climático. La experiencia se realizó en Misiones y San Juan, pero planea extenderse a otras regiones.
Cora Giordana

Cercanía. Los destinatarios del programa fueron asesorados por técnicos especializados.

Con la llegada a más de 1.000 pequeños productores hortícolas, finalizó el programa Crecer Cooperando, impulsado desde la Fundación Banco Credicoop (FBC) y el IDB Lab, laboratorio de innovación del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo. Con el fin de generar «inclusión financiera para una agricultura climáticamente inteligente», el proyecto se llevó a cabo en localidades de las provincias de San Juan y Misiones. A través de diversas acciones, se buscó «mejorar la productividad y la adaptación al cambio climático implementando buenas prácticas agrícolas». Capacitación, asistencia técnica, acceso al financiamiento, articulación público-privada y fortalecimiento institucional fueron las iniciativas fundamentales de Crecer Cooperando, proyecto que integró a diversos actores de las comunidades donde se llevó adelante: filiales del Banco Credicoop, agencias del INTA, escuelas agrotécnicas, universidades, Gobiernos locales, federaciones cooperativas y organismos públicos, entre otros.
El programa se abocó a productores sumamente pequeños (con una o dos hectáreas) y se trabajó fundamentalmente en dos problemas derivados del cambio climático: en San Juan, sequías, y en Misiones, inundaciones. «En San Juan el problema es que no hay agua. El agua viene de deshielo, cada vez hay menos hielo y además está la minera que seca gran parte de la cordillera. En Misiones, el problema es el contrario: con el cambio climático se tropicalizó mucho el clima y está habiendo tormentas muy pequeñas y muy fuertes que lavan todos los cultivos», dice Gustavo Marino, coordinador de Crecer Cooperando y responsable de Proyectos de la FBC.
Mediante la incorporación de tecnología y conocimiento, se logró dar respuestas más eficientes a las inclemencias del clima, incrementar la productividad y mejorar la comercialización. Para ello, se llevaron adelante acciones diversas: incorporación de nuevas variedades de semillas, capacitación en el manejo del agua disponible, incorporación de pasturas, cambio y rotación de cultivos, incorporación de fertilizantes, uso de aplicaciones móviles, creación de líneas de crédito específicas para el sector, entre muchos otros. «La brecha tecnológica, que es muy grande, es una de las razones por la que los pequeños productores dejan de tener competitividad, esto genera grandes diferencias», puntualiza Marino. Para llegar a incorporar tecnologías y mejoras, se requirió un trabajo profundo en cada territorio, con acciones de sensibilización, dado que algunas prácticas agrícolas estaban muy arraigadas en las familias destinatarias. En este trabajo, fue fundamental la labor conjunta con entidades como el Banco Credicoop y sus filiales, así como también de federaciones como FECOAGRO y FECOFE.

Democratizar la tecnología
La incorporación de lo que se conoce como AGTECH, esto es, nuevas tecnologías digitales aplicadas a la agricultura, fue una parte importante de la iniciativa. Así, se generaron, por ejemplo, aplicaciones móviles para la toma de datos geográficos y meteorológicos con el fin de optimizar la gestión del riego y mejorar la calidad y rendimiento de los cultivos. Héctor Castello, asesor de la dirección del proyecto, señala: «Todo esto hizo que pequeños productores rurales, muchos de subsistencia, puedan vivir un poco mejor, usando las mismas tecnologías y herramientas que usan productores más grandes. Nos metimos dentro de lo que se llama “agricultura inteligente”: productores que a través de un satélite pueden saber cuándo tienen que regar e incluso que eso se haga automáticamente», por ejemplo. Eduardo Ciancio, adscripto a la dirección de la FBC, subraya: «No son las grandes extensiones de soja, maíz o los principales granos. Siempre se trabajó para acercar herramientas a un sector de muy bajos recursos».


Recruso vital. Una línea de capacitación fundamental fue aprender a optimizar el agua.

Ciancio menciona uno de los hitos del proyecto: «Se hizo un trabajo increíble a través de la fundación CRICYT - CONICET con una comunidad huarpe que estaba prácticamente en un desierto. Allí se han llevado hornos solares, desalinizadores para la potabilización de agua y se ha capacitado a productores que todavía trabajaban con el arado con animales». Todo esto redundó en avances significativos en la producción de las huertas y la cocción de alimentos. «Todo lo que hicimos sirve para que los productores en aquellos cultivos que ya venían realizando tengan más productividad y también asesoramos mucho en diversificación», dice Ciancio.
Lograr que los productores accedieran a plantar nuevos cultivos que reemplacen a los tradicionales (por ejemplo, yerba mate, té y tabaco en Misiones) fue otro objetivo cumplido. «Tomamos un grupo de productores para estudiarlos y ver si estaban teniendo mayores ingresos. Y algunos, por ejemplo, en Misiones, aumentaron sus ingresos en un 37% y otros de la zona sur de esa provincia, aumentaron en 182%. Es gente que sigue ganando muy poco pero que vive mejor que antes. A partir de todas las enseñanzas aprendieron que con capacitación pueden producir mejor», dice Castello. El otro desafío era vender la producción. En este sentido, se trabajó acercando a los productores a ferias locales, se los capacitó en la venta por internet (incluso se generaron nuevas aplicaciones móviles especialmente para este fin) y hubo quienes llegaron a abrir locales propios para venta al público, como es el caso de una cooperativa de Wanda, Misiones.
La conformación de diez mesas de articulación público-privadas, que unen a productores con otros actores de su medio, fue otro logro de Crecer Cooperando. También se trabajó en el estímulo del asociativismo y el cooperativismo. «Fortalecimos las cooperativas que ya estaban y en algunos casos se conformaron nuevas. Trabajamos con las escuelas técnicas de San juan y Misiones, incorporamos un módulo llamado Emprender Cooperando que es contarles a los estudiantes cómo pueden realizar un emprendimiento conformando una cooperativa y darles algunas herramientas básicas de inclusión financiera», puntualiza Marino. El enfoque de género fue otra de las prioridades. «En Misiones tuvimos la suerte de contar con un instituto provincial que hizo todo el desarrollo de la formación de jóvenes rurales y trabajó temas de juventud y de género. En San Juan lo trabajamos con las cooperativas, fundamentalmente las cooperativas asociadas a FECOAGRO».
La pandemia de coronavirus planteó un serio desafío para la asistencia a productores: algunas colonias cerraron el acceso y hubo que crear nuevas herramientas para poder seguir asistiéndolos. Así nació el canal de YouTube del proyecto, que se encuentra fácilmente a través del propio buscador del sitio. Allí hay videos de libre acceso que abarcan temáticas diversas: desde cómo mejorar el cultivo de tomates hasta una serie de instructivos para formar una cooperativa, realizados por Verónica San Martín, del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.
Desde la FBC subrayan que ninguno de los cambios tecnológicos y en la producción fue impuesto por el programa sino que se realizó un importante trabajo territorial. Para ello fue muy importante la red de vinculaciones ya existente, generada por la presencia del Banco Credicoop y el IMFC. «El acompañamiento y el vínculo que se dio con cada uno de los productores tiene la misma lógica que cuando alguien opera con el banco, que es un asociado y no es un cliente, el trato que se tuvo es personalizado, cada productor, cada productora conoce al técnico o la técnica con el que trabaja, están en contacto permanente, cotidiano. Es muy importante porque para los productores es como un derecho adquirido el programa y nos pone la responsabilidad y el desafío de continuarlo», explica Santiago Nogueira, analista de proyectos y asistencia técnica de la FBC. Aprovechar la experiencia y generar un servicio para ofrecer el programa para pequeños productores y cooperativas agropecuarias en cualquier punto del país es el próximo paso.