Serenita para Rebecata
En el bar
Rudy

(Hugo Horita)

Tarde cuasi primaveral. Tobías y Rebequita siguen cumpliendo la cuarentena, aunque muchos digan que no existe o que la Tierra es plana o que hay que enamorarse de Cristine Lagarde.
Pero el Zoom convoca a nuestros protagonistas.
–¡Tobías, seguro que te olvidaste! –la voz estentórea y pertinaz de Rebequita atruena en medio del silencio crepuscular.
–Y... no sé, Rebequita de mis amores en tiempos de coronavirus. Si no me decís de qué, no te puedo decir si me olvidé o no.
–¿Ves que sos un machirulo concupiscente, espinoso y achaparrado? Si yo te tengo que decir de qué te olvidaste, es porque te olvidaste. Si no te hubieras olvidado, no haría falta que yo te dijera de qué, porque vos sabrías perfectamente de qué te olvidaste.
–Rebequita, amor de mis pesadillas, estás volviéndome un portador asintomático de agotamiento gonadotrófico. ¿Me podés simplemente decir de que me olvidé, así lo recuerdo y reducimos daños?
–Siempre el mismo pragmónico, vos; solo un ser pleistocénico puede haberse olvidado de que hoy es… ¡Nuestro aniversario!
–Uy, Rebequita, ¡perdóname, discúlpame, apiádate! No entiendo cómo un ser que se dice integrado al mundo, como yo, puede haberse olvidado de que hoy es nuestro aniversario. ¡Ya sé, ya sé cómo pude! Pude olvidarme de que hoy es nuestro aniversario porque...
¡hoy no es nuestro aniversario!
–¡No seas mentirosérrimo, Tobías de mis relaciones prepatrimoniales.
–Rebequita, lo acabo de buscar en Google, en la Wikipedia, en la Encarta, en todos lados dicen que nuestro aniversario de habernos conocido es en marzo, ¡y ahora es septiembre!
–¿Pero no ves que sos un egocentrúlico? Solo pensás en vos, Tobías.
–¿Por qué dices eso, Rebequita de mis sandías en flor?
–Porque en marzo fue cuando tú me conociste a mí, pero yo a ti recién te conocí, te percibí, seis meses después, ¡o sea en septiembre! Tú deberías saberlo y agasajarme con una serenata en mi balcón, como corresponde a una dama.
–Pero Rebequita, ¿qué pretendes tú de mí? No solamente no sé tocar serenatas, sino que estamos en cuarentena y no podría salir de mi casa e ir a la tuya, arriesgando nuestras respectivas saludes.
–¿Ves que no me querés? Mirá, hay gente que sí sabe mostrar que aprecia al otro y hace esas cosas.
–¿Quién, Rebequita?
–¿Cómo que quién? Hace un par de semanas gente exonerada, echada e incluso procesada de la policía de la provincia, se tomaron el trabajo de conseguir armas, trajes y patrulleros, para ir a dar una serenata a Olivos.
–Pero Rebequita, a ellos no los guiaba el amor, sino el odio, la manipulación mediática o política.
–Bueno, entonces ellos no me quieren… ¡Y vos tampoco, Tobías!
Y andá a discutirle.