Sexy por accidente
Abby Kohn y Marc Silverstein

Después de verla en la serie Inside Amy Schumer, no quedan dudas de que esta carismática rubia neoyorquina es una gran actriz. Iniciada en el stand up (donde cultivó un estilo mordaz y políticamente incorrecto), Schumer tiene, es evidente, un enorme talento para la comedia, algo que por ahora el cine no ha sabido aprovechar al máximo. Por lo general, ha sido convocada para películas chatas y convencionales, y Sexy por accidente, desafortunadamente, no es la excepción. Si bien no es del todo original, el nudo argumental podría haber sido mucho mejor explotado: después de sufrir un golpe en la cabeza, el singular personaje que encarna Amy empieza a tener una autopercepción muy diferente a lo que ven los demás de ella. Esa graciosa confusión es la plataforma de casi todos los gags de la película, que tiene en la chispa de su protagonista y el notable trabajo como partenaire de otra actriz fantástica, Michelle Williams (la de la serie Dawson's Creek y la emotiva Blue Valentine), sus fortalezas más destacadas. El subtexto de esa trama es un solemne y remanido discurso de autoayuda al que el Hollywood actual es muy aficionado: en este caso, apuntado a los sacrificios que las mujeres deben imponerse para ajustarse a los rígidos cánones de belleza imperantes y, en ese marco lógicamente asfixiante, la importancia capital de la autoestima. Cierto, claro, pero un poco artificial para una industria con valores que mutan de acuerdo con sus propias conveniencias.

Alejandro Lingenti