Smile
Katy Perry - Capitol

Después de probar con un disco bastante atrevido para el canon de una estrella pop como Witness, Katy Perry vuelve a confiar en un repertorio más convencional que apunta a reconstruir el perfil con el que se dio a conocer: el de la artista que trabaja apegada al sonido de su época y prefiere la celebración del hedonismo antes que la reflexión. Ya desde el título Smile explicita que los problemas que la deprimieron hasta no hace mucho son parte del pasado: con la vitalidad que le ha devuelto el nacimiento de un hijo que es el fruto de su relación con el actor Orlando Bloom, Perry apuesta a un dance pop desprovisto de singularidades y destinado a la pista de baile que perfectamente podría haber grabado Kylie Minogue. Lo mejor es que las canciones, en cuya elaboración participa una legión interminable de productores, revelan mucha atención puesta en la creación de buenas melodías, una señal de que la californiana empieza a darse cuenta de que el status con el que se hizo famosa –una especie de princesa de Disney imaginada por la mente provocadora de Madonna– está cerca de agotarse y que ha llegado el momento de repensarse para capturar a una audiencia más adulta.

Alejandro Lingenti