Tarea para el hogar
La educación en tiempos de pandemia
Por primera vez en la historia, la mayoría de la población estudiantil del mundo no está concurriendo a la escuela. En nuestro país, el cierre de las aulas impuso el desafío de enseñar y aprender con herramientas insuficientes y escasa preparación. Entrevista al ministro de Eduación, Nicolás Trotta.
Carolina Keve

(3estudio/Juan Quiles)

En abril, la UNESCO realizó un relevamiento sobre la situación de la educación en el contexto de la pandemia en todos los países del mundo. La conclusión devolvió una imagen inédita: el 91,3% de la población estudiantil del planeta no estaba concurriendo a las escuelas. Argentina no ha sido la excepción. Como parte de lo dispuesto por el Gobierno de Alberto Fernández para lidiar con la pandemia de coronavirus, las aulas quedaron vacías, alimentando la incertidumbre de docentes, directivos y las familias de unos 14 millones de niños en todo el país, que hoy se preguntan por el día después. ¿Qué significará el retorno a la escuela? ¿Cuáles pueden ser las posibles consecuencias tras este período de ausencia? ¿Estamos ante un año perdido o, por el contrario, se trata de una oportunidad para revisar viejos paradigmas?


Todas las voces
Lara Nesis tiene 25 años y cinco en la docencia. Da clases en el nivel primario, en el distrito 9 de la Ciudad de Buenos Aires. Sus mañanas y tardes en la escuela se volvieron horas frente a una pantalla. Para preparar la tarea, para corregir la tarea. Para grabar explicaciones, para mandar las explicaciones. Para hacer videollamadas con los chicos y con otros docentes. La rutina cambió completamente. Aunque el cuerpo sigue presente, porque Lara además participa en la organización y distribución de bolsones de alimentos motorizada por la cooperadora de la escuela para asistir a aquellas familias en una situación más vulnerable. «En medio de una experiencia nunca antes transitada, construir lazos es una búsqueda para la que no hay técnicas ni recetas. Estamos tratando de encontrar maneras para que la distancia social no sea aislamiento sino un cambio en la forma de estar juntes, para que la escuela siga siendo encuentro. La idea de “hacer escuela” siempre trascendió las paredes del edificio escolar, y la cuarentena definitivamente diluye sus límites geográficos. Cuando los chicos y las chicas reciben un mensaje de su docente reciben también una invitación a romper la cotidianeidad, y en la respuesta, o en el ida y vuelta, se está construyendo. Porque además de enseñar ciencias o matemática, la escuela pública –por ejemplo– es muchas veces el lugar desde donde el Estado se hace presente», concluye sobre lo que indudablemente parece haber consenso: el carácter insustituible del aula.
«La casa no puede reemplazar a la escuela. Pero también creo que esa es una dicotomía falsa, porque no están considerando los espacios digitales que han pasado a constituirse en un tercer lugar». Alejandro Artopoulos es director de Investigación y Desarrollo del Centro de Innovación Pedagógica de la Universidad de San Andrés, responsable de un informe realizado en abril sobre el monitoreo que diariamente viene llevando la UNESCO en los casi 1.600 millones de alumnos de los 188 países que decidieron cerrar las escuelas a nivel nacional. De acuerdo con el relevamiento, solo 96 impulsaron soluciones de educación a distancia, como plataformas de enseñanza asincrónica –Moodle, Google Classroom–, videoconferencias –Zoom, Meet– , o algunas más novedosas sostenidas en el aprendizaje basado en proyectos, como por ejemplo Slack.

Conectar Igualdad. Equipos recuperados. (Télam)

En el caso de Argentina, el Gobierno nacional puso un marcha el plan Seguimos Educando, con una plataforma con material didáctico ajustado a los distintos Núcleos de Aprendizajes Prioritarios (NAP), programas de TV y radio a través de los medios públicos y cuadernillos para los alumnos de escuelas públicas. También se retomó la distribución de notebooks y tablets en el Conurbano y diez provincias del norte argentino; en concreto, unos 135.000 equipos que fueron encontrados en los depósitos del Correo Argentino, abandonados luego de que la gestión de Mauricio Macri decidiera congelar el plan Conectar Igualdad.
En este sentido, si bien la emergencia impuesta por la pandemia encontró a un Estado dando respuestas, la desigualdad preexistente en términos de acceso a la educación –que indudablemente trasciende el problema de la brecha digital y los recursos tecnológicos– abre otra pegunta: ¿hasta dónde la suspensión de clases incrementará la brecha?


Distintos escenarios
Gabriel Belek tiene 35 años y es docente de Historia desde hace once. Hoy trabaja en cuatro escuelas públicas de barrios populares, en los partidos de Tigre, San Fernando y Malvinas Argentinas. En total tiene unos 200 alumnos: «Muchos chicos no tienen computadora. Entonces uno no puede mandar un PDF y que lo impriman, o mandar un video y que lo respondan. Usar WhatsApp con tantos alumnos es imposible. Pero además lo cierto es que el amor que pueda tener el docente tiene que estar canalizado por instituciones que operativicen esto, sobre todo en estas magnitudes. En este sentido, creo que esta situación puso en evidencia el problema que significó el macrismo y el fin del programa Conectar Igualdad. Si no está el insumo, es muy difícil, y también todo lo que implicaba el Plan, básicamente muchísimos profesionales para implementarlo, profesores que se encargaban de organizarlo y que hoy estarían haciendo y trabajando sobre esas plataformas».

Sin clases. 188 países decidieron cerrar las escuelas. En Argentina, 14 millones de chicos en todo el territorio nacional estudian desde sus casas. (Carlos Cermele/Télam)

En efecto, toda situación de emergencia acentúa aquellas condiciones previas, y la brecha digital y la desigualdad social son dos problemas que hoy concentran enorme preocupación. Sin ir más lejos, un informe elaborado por la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires en conjunto con el Observatorio de la Deuda Social (UCA) advertía, en base a datos correspondientes a 2017, que la mitad de los niños y adolescentes bonaerenses de entre 3 y 17 años no contaban con una computadora ni acceso a internet. En los barrios más precarizados, la cifra de niños sin acceso a la red era del 73,2%. De esta forma, más allá de los esfuerzos realizados frente a la cuarentena por el Gobierno nacional y las gestiones provinciales que también pusieron en marcha sus propios recursos –en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, se lanzó la plataforma Continuemos Estudiando–, resulta difícil pensar en la implementación de una educación virtual bajo estas condiciones. A esto se debe sumar el cuadro dejado por cuatro años de la gestión macrista, con una política corrosiva sobre la educación pública, con desfinanciamiento, el cierre de programas y la privatización de áreas –como, por ejemplo, la evaluación, capacitación y perfeccionamiento docente– que se ofrecen a los ojos del mercado como negocios de una enorme rentabilidad.
Todo esto configura un escenario muy inestable mirando al futuro. Ciertamente la urgencia marca hoy la agenda, en un contexto con familias colapsadas por la tarea de sus hijos o aquellas que ni siquiera tienen esa oportunidad, angustiadas por no tener certeza sobre el retorno al aula, o por las dudas en el Estado sobre cómo se acreditarán los saberes y qué sucederá con los niveles más altos, próximos a terminar cada ciclo. Pero a esto posiblemente haya que añadir las demandas de los docentes frente a esta situación y la inequidad que quedará expuesta una vez abiertas las escuelas. Mientras las familias se preguntan si estamos ante un año perdido, todavía no parece haber consenso en torno a la respuesta. Por lo pronto, se puede tomar la observación de los propios maestros. Para Belek, perder un período de tiempo no significará una consecuencia a largo plazo en la formación de los chicos. «La escuela pública es muy vigorosa, a pesar de todo», agrega. Para Nesis, inevitablemente esto constituye un aprendizaje: «Cuando volvamos a la escuela vamos a trabajar con todo eso que pasó en las casas durante este tiempo. Los docentes no daremos por sentado que las tareas que enviamos generaron conocimientos lineales. Y probablemente, nos toparemos con profundos aprendizajes, de esos que nacen a la hora de enfrentar momentos difíciles –reflexiona la docente–. Espero que esto nos deje importantes saldos de reflexión acerca de los problemas de nuestro sistema educativo, y que las políticas públicas se aboquen a combatir las desigualdades que se dejaron ver con nitidez durante la pandemia».

Acceso. La tecnología y la ayuda de adultos no siempre está disponible. (Facundo Nívolo)