Té y bizcochitos
Jorge Vilas
Periodista
«Es alarmante. Nuestro país es como Suecia. Nadie tiene una empleada en negro. Siguiendo la Biblia, todos estamos libres de pecado, podemos lanzar una lluvia de piedras. Hay que lapidar a Triaca de inmediato». Con frases de esta naturaleza, el publicista Jaime Durán Barba alteró los ánimos de sus compañeros del Club Político Argentino (CPA), de reconocida adhesión al macrismo.
Que Triaca maltrate a una empleada, no declare la relación laboral y, para completar, la designe –junto con decenas de militantes de Pro– en un puesto en un gremio intervenido, era demasiado escándalo para el CPA, que batió el parche junto con el aparato comunicacional macrista para atacar al gobierno anterior en base a acusaciones de falta de transparencia. Pretendían mantener cierta coherencia, pero allí estaba el asesor presidencial para ponerlos en caja. Porque para el gurú del discurso macrista, lo que en adversarios es motivo de crítica despiadada, en el caso de los propios, no merece más que leves reproches. «Sería una pena que el club se expresara con un nivel de profundidad de señoras que toman té y mascan bizcochitos», le dijo a sus colegas, molesto porque en el CPA no primó su voluntad.
Pero Macri y sus ministros siguieron al pie de la letra el guion de Durán Barba. El presidente aclaró que «Triaca reconoció el error y pidió disculpas, es algo que valoro». Así, pese a todo, Triaca sigue por ahora al frente del ministerio. La salida que encontró el gobierno fue un decreto (cuando no) que prohíbe la contratación de familiares por parte de altos funcionarios y el anuncio de una reducción de los cargos políticos en el Estado. Cambiemos de tema fue el objetivo de Cambiemos. Y comenzó un nuevo debate: sacar de las plantillas estatales parte de los miles de cargos que el propio oficialismo creó desde diciembre de 2015. Algo así como cambiar, para que nada cambie.