Tobías, Rebequita y la solidaridad
En el bar
Rudy


Tarde de verano en la ciudad. En el bar de siempre, Tobías apura su refresco y, de pronto, irrumpe Rebequita, un tanto excitada.
–Ay, Tobías de mis rabanitos callejeros, qué bueno que estés acá.
–Gracias, Rebequita de mis cultivos cuidados.
Yo siempre estoy acá. Esté donde esté, siempre voy a estar acá.
–Ay, Tobías, me emocionás con tus sustantivos tan conmemorativos. La verdad es que a veces siento que no estás acá, que estás allá, o peor aún, allí.
–¿Qué diferencia hay entre «allí» y «allá», Rebequita de mis sueños interruptus?
–Ay Tobías, no seas cenozoico; allá es como allí, pero con perspectiva de género; aunque de verdad, si queremos ser inclusivos, deberíamos decir «allé».
–«Allé», uy, Rebequita de mis galicismos, eso me suena francés, y me provoca.
–Bueno, Tobías, calmate, que para excitadas ya estoy yo. Acabo de estar con mi tía Ali, ¿te acordás?
–¿Alicia?
–No, Aligarquía. Capaz que no te acordás de ella porque en la familia le decíamos «Lita».
–¿Diminutivo de Aligarquía?
–No, de «Gorilita», ella es la que decía que había que dejarse de empollar huevos de pobre, que era una maniobra de la izquierda para negar los éxitos del Gobierno; que estaba muy bien gobernar para los ricos, y que si los pobres querían que alguien los gobierne, que se vuelvan ricos y ya está.
–Pero, ¡qué tía más conservadora!
–Se dice «Conversadora», Tobías, pero tenés razón, era muy eso; pero ahora cambió, la atacó «la lombriz solidaria».
–¿No será «solitaria»?
–Ella es solitaria, pero la lombriz es solidaria. Me dijo que estaba conmovida con la idea de que ahora los que tengan más le den a los que tengan menos, y que ella habló con el padre Betamax, el de «opción por los ricos». Y le dijo que estaba dispuesta a donar 40 kilos, para quien los necesite.
–¿40 kilos de pan, de harina, de arroz, de papas? ¡Está bueno!
–¡De carne, Tobías de mis colones… de carne!
–¡Qué bueno! ¿Vaca, pollo, cerdo, novillo?
–No, Tobías, carne humana.
–Puaj… ¿es caníbal?
–Nada que ver… Nada que ver… carne de ella misma. Resulta que fue a ver al nutricionista y le explicaron que de tan conservadora, había conservado 40
kilos de más. Y ella está dispuesta a dárselos a quien los necesite.
–¡Rebequita, qué locura, no lo puedo creer!
–¿Viste que la gente cambia, Tobías de mis escrúpulos? ¡No todes son conversadores como vos!
Telón piadoso.