Tobías y Rebequita, un par sin par
En el bar
Rudy

(Ilustración: Hugo Horita)

El aislamiento social, preventivo y obligatorio es el marco en el que se desarrolla esta escena. Tobías y Rebequita, inseparables, separados por un virus.
–Tobías de mis costillas yuxtapuestas, ¡tengo deseo de verte! Mi ser, mi estar, hasta mi ARN me lo reclaman con vehemencia.
–Pero Rebequita, mi amatorium tremens, ¿qué te descomulga de este ámbito complaciente? ¿Acaso no me estás viendo?
–No seas virtual, Tobías.
–¿Querrás decir vulgar?
–No, quise decir virtual. Si hubiese querido decir vulgar, habría dicho «vulgar». No virtual, ni pulgar, ni vulvar. Te dije «virtual», Tobías de mis afecciones diletantes, porque no estás siendo real. Y lo virtual, es lo «no real», ¿entendiógenes?
–Ni ahí, Rebequita, ni acá. Te prometo que soy yo, real, soy, estoy, parezco, semejo, me pellizco, me río, me...
–Tee, tee, te, siempre te, la otra vez tuve que hacer un lío por un café… vos siempre tee. Tobías, allá donde estés te, digo tú, puedes ser muy real. Pero aquí donde está yo…
–Querrás decir dónde estoy yo.
–No, Tobías, ya sabés que si lo hubiera querido decir, lo habría dicho. Mirá, estás vos, acá está yo...
–¿Está yo?
–Sí, estalló mi paciencia. Tobías, hace más de dos meses que solo te veo virtuoso, digo virtual. Mejor dicho, yo no te veo, mi celular te ve y me cuenta. Y no es lo mismo, ¿entendescartes?
–Entiendo que no es lo mismo, Rebequita de mis dudas hegelianas. Pero como diría Kant, «hay que quedarse en casa».
–¿Kant diría eso?
–Si estuviera en una pandemia, probablemente.
–Pues yo quiero verte, y mucho me temo que eso va a ser utópico por un período perentorio, ¿entendiderot?
–Ánimo, mi equisequis cromnosomático, que ye podremos salir.
–Sí, yo podté salir, y tu podrás salir, pero nosotros... ¡no podrempos salir! ¿Entenderáclito?
– ¿A qué viene tanto pesimismo sartreano, Rebequita de mis fantasías abstinenciales?
–Decime, Tobías de mis locuras, vos, ¿sos Parménides?
–¿Lo qué?
–Que si sos par...
–¿Parrr? ¿Parrr para qué? Tengo dos pies, dos manos, dos ojos, pero yo mismo, pienso que soy uno solo, por lo tanto, existo uno solo.
–¿Ves, ves? Sos impar, y yo, soy par… soy parcial, partidaria, particular, partícipe, paralelograma, ¡y las pares y los impares no pueden salir el mismo día, salvo urgencia o excepción trasgresora!
–Mirá Rebequita, yo, por vos, me vuelvo par.
–Ay, Tobías, no esperaba menos de vos… esperaba más. Por eso es que yo, por vos, me vuelvo impar. ¡Así que sigo sin poder verte!
Y el mundo sigue andando. O quedándose en su casa.


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