Todo cine es político
Fernando Pino Solanas (1936-2020)
El cineasta, dirigente y embajador ante la UNESCO murió en París. Reflejó en ficción y documentales la historia argentina de los últimos 75 años. Fue diputado, senador, convencional constituyente, candidato a la presidencia y al Gobierno porteño.
Alberto López Girondo
Periodista

Programa. En sus filmes denunció atropellos y plasmó su mirada sobre la democracia. (Télam)

Cronista de atropellos, injusticias y exilios, Fernando Pino Solanas murió en París a los 84 años. En su dilatada carrera pública fue cineasta, pero también dos veces diputado nacional (1993-1997 y 2019-2020), convencional constituyente (1994), senador nacional (2013-2019), en 2007 se presentó como candidato a presidente en alianza con un sector del socialismo y en 2011 compitió por la jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En cada ocasión mostró un caudal de apoyos de muchos que reconocían su compromiso con las causas populares.
Alejado del cine de ficción, en sus últimos años se destacó por su participación en distintas alianzas políticas. Los más jóvenes lo recuerdan por su intervención en el debate por el aborto, en 2019, por haber llevado al recinto un concepto claro como contundente: toda mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo, con lo cual, tiene también derecho al goce. «¿Por qué nos da vergüenza hablar del derecho a gozar? A gozar de la vida y a gozar del cuerpo. El goce es un derecho humano fundamental», dijo.
Para los más grandes, Pino Solanas es el cronista de las grandes tragedias argentinas de los últimos 75 años. Desde su primera incursión, junto con Octavio Getino, con La hora de los hornos, que circuló de manera clandestina durante la dictadura militar de 1966, hasta Viaje a los pueblos fumigados, de 2018, siempre fue un hombre incómodo para los poderes fácticos del país.
No es aventurado sostener que aquel primer documental donde revelaba la trama de la opresión colonial y el rol del peronismo como acto de rebeldía, mucho tuvo que ver con el Cordobazo, de 1969. O que ambas fueron manifestaciones de una circunstancia que el cine de Solanas supo develar como pocos.
Los hijos de Fierro, una ficción en la que el poema gauchesco de José Hernández servía de metáfora para contar la resistencia peronista, es de 1975, pero recién pudo verse en 1984. En ese lapso, Solanas se exilió en Francia luego de recibir amenazas de la triple A y de un intento de secuestro de un comando de la Marina.
Hizo ficción, pero anclada en la situación política, entre 1985 y 1998, con El exilio de Gardel, Sur, El viaje y La nube. Período signado por el menemismo, al que había adherido en sus inicios, en 1991 sufriría un atentado luego de durísimas declaraciones contra el presidente, al que no le perdonó haber abandonado los postulados con que había sido electo y haber adherido a postulados neoliberales.
A lo largo de este siglo, alternó sus intentos de construcción de una fuerza política capaz de incidir en el escenario nacional, con un programa bien concreto que iba desplegando desde sus documentales, elaborados de manera artesanal, y en los que se lo ve, cámara en mano, metido en el barro de las consecuencias de un modelo de devastación.
La enumeración de los títulos exime de mayores comentarios: Memoria del saqueo (2004), La dignidad de los nadies (2005), Argentina latente (2007), La próxima estación (2008), Tierra sublevada: oro impuro (2009), La guerra del fracking (2013), Viaje a los pueblos fumigados (2018).
Pino Solanas alternó cercanías y diferencias con los gobiernos kirchenistas, aunque el año pasado se sumó al Frente de Todos. En El exilio de Gardel, habla del destino de destierro de los argentinos. Desde un cantor nacido en Touluse emblema de la música rioplatense, hasta José de San Martin, el libertador que terminó sus días en Boulogne sur Mer. La muerte lo encontró en París, donde contrajo COVID-19 siendo embajador ante la Unesco de otro gobierno peronista.