Todos los cuadros que tiré
Cecilia Pavón - Eterna Cadencia - 96 páginas

La década del 90 en la Argentina fue atravesada por la frivolidad y la privatización del Estado, que sumieron en la miseria a gran parte del pueblo argentino. Sin embargo, en los márgenes, había jóvenes insurrectos que intentaban hacer algo serio sin un gramo de solemnidad. Dentro de los lenguajes artísticos, la poesía dejó su sello y Cecilia Pavón fue (junto con Fabián Casas, Fernanda Laguna, Martín Gambarotta y otros) una pluma ineludible de aquella generación. Nacida en Mendoza, egresada de Letras (UBA) y traductora, también incursionó en el mundo del arte con la galería/editorial Belleza y Felicidad. Este nuevo libro, de reciente publicación, es una interesante puerta de entrada a su universo. Aquí no hay escritura en verso pero, de algún modo, la dimensión poética está presente. Estas piezas breves oscilan entre la narrativa, el ensayo y el diario íntimo. Allí aparecen vivencias cotidianas, pensamientos en torno a la industria cultural y anécdotas con personalidades como el diseñador Alejandro Ros o el artista Sergio de Loof. La autora reflexiona sobre la poesía, se pregunta qué es. «Una casa es como un poema», escribe, y analiza cómo es posible evadir el tiempo mediante la felicidad o el dolor. La identidad, el sexo, el género, las drogas, el viaje, la pareja y el lenguaje son algunos de los tópicos que se entrelazan dando vida a textos híbridos que tienen mucho de testimonial, pero que no sería justo reducir a un mero ejercicio de la remanida «literatura del yo», más allá del uso de la primera persona gramatical. Las escenas de Todos los cuadros que tiré se convierten en fantasmas evanescentes; pequeñas huellas textuales de una persona que escribe.

Pablo Díaz Marenghi