Tres de cal, una de arena
Martín Burgos
Luego de negar el aumento de tarifas de transporte antes de las elecciones, el gobierno finalmente lo implementó junto con el boleto multimodal por el cual en dos horas de viaje, el segundo transporte se paga a mitad de su valor y el tercero al cuarto de su valor. Acompañar la mala noticia con una buena da la sensación de ecuanimidad, y más en este caso donde los beneficiarios son los que viven más lejos, que tienen que viajar más y que tienen menores ingresos.
En el marco de un aumento del 65% de las tarifas de transporte, la implementación necesaria del boleto multimodal solo conviene para el que tiene tres viajes, que casi pagará lo mismo que en 2017 combinando, por ejemplo, colectivo-tren-colectivo (alrededor de 15 pesos). No obstante, se calcula que menos del 20% de los pasajeros combinan dos medios de transporte por lo menos, con lo cual el impacto final debería ser escaso. Para peor, el pasajero al que le convendría tomar dos colectivos en vez de uno tampoco se ve incentivado a modificar su recorrido porque pasaría de pagar 6,50 pesos a más de 15 pesos, y 10 pesos si sigue tomándose uno solo.
Al centrar los anuncios en la necesidad de reducir los subsidios, el gobierno parece obviar que la política de transporte es fundamental para la organización del espacio físico en la zonas urbanas. No vinculó el aumento tarifario con inversiones que permitan mejorar la calidad del servicio, ni con la reorganización del recorrido de colectivos que puedan incentivar el boleto multimodal. Pareciera que la única preocupación es que las tarifas vuelvan al nivel de los años 90 (60 centavos de dólar para el colectivo, 75 centavos para el subte) con el único fin de darle mayor rentabilidad a las empresas del sector.