Tres décadas tribales
Radiodifusión alternativa
Nacida por la inquietud de un grupo de estudiantes de Comunicación, FM La Tribu cumplió 30 años con una impronta que desafía la información hegemónica. Historia de un proyecto cultural y político a través de las voces de sus protagonistas.
María Carolina Stegman

Fiesta. En el barrio porteño de Almagro, la radio tomó la calle Lambaré para celebrar. (Gentileza La Tribua)

En la década del 80, tras la vuelta a la democracia, no eran pocas las voces que estaban ansiosas por reconquistar el derecho a la palabra, a la opinión y a la información. Es así que en junio de 1989 estudiantes de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires decidieron conformar FM La Tribu en un departamento de la calle Gascón, en el barrio porteño de Almagro, de modo muy artesanal pero decididos a ser la voz contrahegemónica, aunque los tildaran de clandestinos, como a tantas otras radios que surgieron por la misma época.
A 30 años de esa hazaña comunicacional, hoy FM La Tribu es más que un medio colectivo y alternativo: es una radio pero también un proyecto cultural y político que recoge las inquietudes de una sociedad que la mayoría de las veces no encuentra espacio en el mapa mediático instaurado.
«La Tribu responde a una época, a una necesidad muy grande de comunicar, a la vuelta a la democracia, de volver a sentir que se podía hablar. Hubo otras radios que también surgieron en la misma época, siempre con el espíritu del trabajo en red», sostiene en diálogo con Acción Soledad Vázquez, operadora e integrante del área de Coordinación de Radio.
Si hay algo que distingue a FM La Tribu es su impronta de trabajo colectivo y comunitario, reflejada no solo en los temas que se abordan –derechos humanos, movimientos campesinos, pueblos originarios o las luchas feministas, entre otros–, sino que además propicia un ida y vuelta real entre quienes escuchan la radio y quienes la hacen, invitando a los «radioparticipantes», como les gusta llamar a los oyentes, a involucrarse en la propuesta radial.
«Siempre quisimos hacer cosas para interactuar con la gente, hay capacitaciones en radio y comunicación porque nos gusta compartir este conocimiento también con el objetivo de que se puedan abrir otros proyectos, de hecho uno de los lemas en algún momento fue “Apagá La Tribu y hacé tu radio”. Hoy contamos con un bar-territorio donde se hacen cine-debates, hay charlas, presentaciones de libros, también se editan discos y libros; el objetivo es expandir la radio», asegura Laura Pérez Portela, integrante del área de Capacitación.

Más allá del dial
Actualmente FM La Tribu tiene al aire unos 60 programas y transmite las 24 horas con alcance a toda la Ciudad de Buenos Aires y a todo el mundo a través de su web. De este modo trasciende las fronteras y se vincula con otras radios comunitarias con las que conforma la Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC).
«Trabajar en red te permite crecer junto a otras radios, son intercambios interesantes para el debate y la educación, también es importante para tener apoyo ante problemas legales. Las radios comunitarias no nos pensamos en competencia con otras radios sino en el camino, juntas», explica Pérez Portela.
Otra de las muestras de cómo una radio colectiva puede establecer una participación real con quien está del otro lado del dial fue lo que ocurrió en el último Encuentro Plurinacional de Mujeres, Transexuales, Travestis, Lesbianas y No Binarias del país que se llevó a cabo en Trelew. «Salimos desde la radio hasta el sur. Teníamos que hacer paradas técnicas durante el viaje y una radioparticipante de Bahía Blanca se comunicó, nos invitó a pasar la noche en su casa y nos contó que a partir de escuchar la radio había empezado a militar en el feminismo», relata Juana Alfonso, integrante del área de Comunicación.
«Sin aire no hay fuego»: bajo este lema se alumbra el trabajo de FM La Tribu y de muchos medios comunitarios y alternativos que buscan ser una voz distinta en un escenario difícil de concentración mediática. «Comunicar no es solo hablar sin saber quién está del otro lado –concluye María Naiberger, operadora de la radio–. Considerar al otre que está participando y no solo escuchando es una forma de hacerlo parte del colectivo».