U inconclusa
Alfredo T. García
Economista


 

Es habitual hacia el fin de un año, intentar descifrar cómo será el año que le sigue, ya sea en lo personal, en lo económico, social, político, o en todas esas variables juntas. Una actitud que continúa en los inicios del año y de la que este comentario no puede escapar.
El gobierno nacional no se queda atrás. A pesar de la promesa del presidente Mauricio Macri de «no haremos más pronósticos», los distintos funcionarios han salido a hablar de la recuperación del «segundo trimestre» de 2019. Hay un dato clave: en el segundo trimestre se termina de cosechar y se comercializa la soja. Debido a la sequía del año pasado, se espera para este año un fuerte incremento de la producción agrícola en general.
Pero la duda carcome a los analistas: ¿una buena cosecha será suficiente para revertir la recesión en la que está inmerso el país? ¿Será el inicio de la recuperación? Y entonces se acude a la literatura económica, que vincula el gráfico de la evolución de la actividad al formato de algunas letras (ver gráficos al pie).
Está la recuperación en V, es decir, después de la caída viene un fuerte crecimiento de la economía. Lo intentan instalar para 2019 los más vehementes funcionarios del gobierno. Es lo que sucedió luego de la crisis del 2016, pero en ese entonces no estábamos bajo el programa de ajuste del FMI.
Otros funcionarios menos optimistas pero muy entusiastas, hablan de una U: hacia fines del primer trimestre se deja de caer, hay un amesetamiento durante unos cuantos meses, y luego comienza un fuerte crecimiento. Aquellos  más realistas, y también analistas cercanos al gobierno, están hablando de una U inconclusa, es decir que el amesetamiento se mantendrá por mucho tiempo.
En verdad, esta U inconclusa es una manera eufemística de definir un proceso identificado por una L: caída  y luego un prolongado amesetamiento. Pero una U inconclusa tiene la esperanza de llegar a ser U en algún momento: ideal para intentar instalar en un año de elecciones. Es como el tema del «crecimiento invisible» que definió Macri en la apertura de sesiones del Congreso en 2018, sólo se veía en los deseos de los funcionarios. La gente no lo percibía porque no era un verdadero crecimiento: más bien, la economía se estaba deteriorando.
Más allá de armar pronósticos, que suelen ser superados por la realidad, la idea de este escrito es analizar cuáles son las condiciones que pueden llevar a tal o cual resultado.
Para el próximo año está previsto un ajuste de una magnitud muy importante, como lo reconocen no solo el FMI, sino el propio ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne: «Nunca se hizo un ajuste de esta magnitud en Argentina sin que caiga el gobierno». Pareciera una frase muy poco proselitista, pero muchos pensamos que en realidad estuvo destinada a «los mercados»”: otra forma de decir «haremos lo que hay que hacer (cumplir con el FMI) sin importar los costos».
En este contexto, la recuperación de la economía será muy renuente, porque será también difícil el cumplimiento de lo acordado con el FMI. ¿La razón? Porque la profunda recesión que estamos viviendo reduce los ingresos fiscales, y por lo tanto, el achique de gastos deberá ser mayor aún que el previsto en el plan original.
El ajuste se retroalimenta en forma negativa. Menos actividad genera desempleo y salarios más deprimidos, estos menor consumo y así sigue el ciclo. Por si esto fuera poco, se continuará con los aumentos tarifarios ya anunciados en gas, luz, electricidad, agua y transporte, todos superando ampliamente la inflación esperada del año.
Es año de elecciones. Seguramente desde el gobierno intentarán dar un shock de consumo antes de la votación, pero la magnitud del mismo sería muy menor, porque tienen las manos atadas. Salvo que el FMI les otorgue un colosal waiver (perdón) por motivos eminentemente políticos.