Ultra Tumba
Leonardo Oyola - Literatura Random House - 234 páginas

Durante un festejo por el Día del Niño estalla un motín en una cárcel de mujeres. Pero la batalla por el dominio de los pabellones se convierte en una lucha por la supervivencia cuando aparecen las zombis. Leonardo Oyola combina esa premisa con una historia de amor prohibido entre una oficial del servicio penitenciario y una reclusa. El resultado es una novela tan genuina como cautivante, aunque quizás no tan pregnante como la consagratoria Kryptonita. En Ultra Tumba –un juego de palabras entre el argot que refiere a la cárcel y el mundo de los muertos vivos– se cruzan géneros: el policial con las historias de zombis, el horror de la supervivencia con los elementos telenovelescos. También aparecen temas sociales, desde los obvios que imponen el escenario y sus protagonistas hasta el poder creciente que acumulan las iglesias evangélicas en todos los órdenes. Quizás uno de los aspectos más interesantes de la novela es que es fiel a los grandes exponentes de la zombifilia –George Romero, padre del género, siempre lo utilizó para la crítica social–, sin ponerse panfletario. Las protagonistas de Ultra Tumba están al servicio de la historia. Y aunque no se puede decir que Oyola sea ecuánime con ellas, no busca hundirlas ni justificarlas: ahí están la Peke y la Ñeri Graciela, capangas de sus pabellones, que son cualquier cosa menos nenas de pecho. Son personajes con sus deseos, gustos, sueños, falencias y goces. Si hay una reivindicación en estas páginas, es la de mostrar mujeres que hacen lo que pueden con lo que tienen (y una buena cuota de resignación) ante unas circunstancias que buscan alcanzarlas. Fuera de la prisión, la pobreza y la marginalidad; dentro, excompañeras de celdas devenidas monstruos caníbales. Hay un esfuerzo concreto por no retratarlas como marginales, ni siquiera como criminales: no hay mención a la condena de casi ninguna de ellas, salvo en dos ocasiones, justificadas por el desarrollo del personaje. Aunque abundan los flashbacks, las descripciones de los escenarios extramuros son menos detalladas que en otras novelas de Oyola más ancladas en ese elemento. Son, sí, chicas del Conurbano y del Oeste, el rincón que mejor conoce el autor. Y algo parecido sucede con el tratamiento que reciben las oficiales del servicio penitenciario por parte del escritor. En todo caso, ahí está la gran metáfora del relato: unas y otras son mujeres que viven al
límite.

Andrés Valenzuela