Una política que obtiene los resultados buscados
Gustavo Nagel
Dirigente Cooperativista

Precios en alza. La creciente inflación erosiona el poder adquisitivo de los salarios. (NA)

Si tiene cuatro patas y ladra, nadie duda de que es un perro. Lo mismo debería pensarse de los resultados del programa económico que llevan adelante el Fondo Monetario Internacional y el gobierno argentino: si las medidas contraen el ingreso de los hogares, no puede esperarse otra cosa que caída del consumo, menos ventas, caídas de la producción y, luego, desempleo.
La coyuntura ya golpea severamente a hogares y empresas y lo que viene no será mejor. La inflación está erosionando a pasos acelerados el poder adquisitivo de los ingresos de los trabajadores. Los salarios formales tuvieron una suba de 25,4% entre septiembre de 2017 y el mismo mes de este año, muy por debajo de la evolución de la inflación, que fue del 40,5% en el mismo período. Son 15 puntos porcentuales de pérdida. Y mucho más frágil es la realidad de los jubilados, de los que perciben otros beneficios sociales y de aquellos que están en el segmento informal.
¿Cuáles son las causas de la inflación reciente? Sin dudas, entre la más importante está la suba del valor del dólar (devaluación del peso) estimulada por el gobierno. También aparece entre los factores principales el notable incremento del costo de las tarifas de servicios públicos, que fue bastante mayor que los subsidios que se eliminaron. Esto deja a las claras que no solo se trata de una política de reducción del gasto público, sino de una lisa y llana transferencia de ingresos desde los hogares hacia las grandes empresas energéticas. La devaluación, en tanto, también generó presión al alza de las tarifas que se encuentran dolarizadas.
Todo esto habla a las claras de la responsabilidad que tiene el gobierno en el aumento de precios. Un gobierno que claramente generó las condiciones y endeudó al país para permitir la fuga de divisas y los millonarios negocios de una minoría privilegiada.
Esta realidad golpea fuertemente a las pymes, que en gran medida dependen de un mercado interno en caída franca. La suerte de las pymes está absolutamente vinculada con lo que les ocurra a los trabajadores, jubilados y beneficiarios de planes sociales y, como vemos, casi nadie queda afuera del barco del ajuste.
Con su prédica neoliberal, el macrismo sigue diciendo que para preservar el poder adquisitivo de los salarios hay que bajar la inflación, pero queda claro que la inflación no es el objetivo de fondo, ya que en estos tres años no ha hecho más que subir. El objetivo de fondo es bajar el salario y mejorar la renta empresarial de las grandes corporaciones. Primero usaron «metas de inflación», ahora congelan la base monetaria constituyendo un torniquete difícil de encontrar en otros países, y mucho menos si están en recesión. La falta de fondos frescos y las elevadísimas tasas de interés son las dos caras de la dura restricción que sufren las empresas generadoras de trabajo.
Los resultados no podían ser otros que los esperados. Sin dudas… es un perro.
Pero todavía falta lo peor. El incremento de la deuda pública, y el consiguiente pago de intereses crecientes, eleva los impuestos a las familias y empresas y genera recortes del gasto público. Nada en este proceso es virtuoso para las mayorías populares.
La perseverancia del gobierno con este esquema muestra que, como ya ocurrió en la historia argentina, hay un objetivo central que no suele estar explicitado: modificar la matriz de distribución del ingreso y de la riqueza nacional. Esto significa pérdida de derechos para las grandes mayorías. No hay dudas de que el gobierno viene siendo sumamente exitoso. Y no hay manera de que este tipo de procesos se dé sin sufrimiento popular.
El endeudamiento con el FMI intenta garantizar la continuidad del camino de austeridad en las cuentas públicas; una austeridad que representa una cínica transferencia hacia los que lo tienen todo, y que solo puede ser detenida por aquellos que no tienen nada, o casi nada.