«Una tarea mayúscula»
Gregorio Vidal
El economista mexicano analiza los desafíos que enfrenta el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador no solo en cuanto a estructura productiva sino también en clave política. El proyecto de la Cuarta Transformación y la incidencia de la deuda externa en América Latina.
Mirta Quiles - Fotos: Jorge Aloy

Vine a Argentina en los años 90 a dar charlas y fui regresando», cuenta con una voz repleta de cadencias Gregorio Vidal, economista y profesor del Departamento de Economía de la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa, México. «Colaboré fuerte con Clacso y estuve aquí por última vez hace dos años, en Buenos Aires y en La Plata.Argentina es muy enorme como para decir que se ha estado en el país», agrega sonriendo.
A poco más de un año de la asunción del gobierno de MORENA, con Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la cabeza, Vidal asegura que el país está en un proceso de transformación que se plantea como relevante y que frente a esto –más allá de sus simpatías para con el movimiento– «hay que tener un punto de vista crítico constructivo frente a dicho proceso».
–Desde su asunción AMLO sostiene que su gestión será «La cuarta transformación», la 4T. ¿Qué es? ¿En qué consiste?
–No creo que en toda América Latina se sepa que es la 4T. La referencia es a la Revolución de la Independencia (1810-1821), las Reformas de Juárez (1855-1863) y la Revolución Mexicana del siglo XX (1910-1917). Estas fueron las tres transformaciones previas y esta es la cuarta, tiene esa dimensión histórica. AMLO está planteando que no es un proyecto de gobierno sino un relanzamiento, una rearticulación, una recuperación de ese rumbo histórico.
–Un proyecto muy ambicioso.
–Se trata de una apuesta muy fuerte. Si se logra, la felicidad de los mexicanos será inmensa. Es en relación con esa apuesta que me parece significativo comparar el proceso actual con el de la Revolución Mexicana del siglo pasado. Si lo vinculamos con la larga historia de nuestra soberanía nacional, de nuestra independencia, sin ninguna duda se trata de una tarea mayúscula. Es una enorme apuesta para sentar sus bases en los menos de cinco años que le restan de gobierno.
–¿Cuáles son los desafíos de esta apuesta?
–Hay dos procesos que le plantean desafíos a AMLO, a su partido y a los ciudadanos. Uno tiene que ver con el hecho de que se ganó la presidencia y se conformó un Congreso federal con mayoría calificada para hacer reformas constitucionales, pero no solo con MORENA, sino con otros socios. Una mezcla curiosa de partidos, ya que va desde uno que se declara a sí mismo con raíces afincadas en movimientos evangelistas hasta un partido que se sitúa –en sus declaraciones– más a la izquierda de Morena. Esto sin contar lo que es MORENA misma. El asunto es que se gana la presidencia, la Cámara de Diputados, la de Senadores, muchos municipios, gubernaturas, y en ese sentido es una sorpresa para la derecha. Pero hasta ahí. Porque no hemos terminado de aprender que una cosa es ganar las elecciones y la otra es construir un poder alternativo. Ese es el tránsito de hoy, ese es el desafío.
–¿Habla de una construcción con actores muy distintos al interior de la coalición de gobierno que podrían distraer fuerzas para enfrentar a la derecha?
–En lo que respecta a la oposición, hay reacciones, mejor dicho, acciones, porque la derecha nunca cesa. Y tiene una virtud: sabe ponerse de acuerdo más fácil. Creo, a título personal, que tiene claridad histórica. Y esa es una complicación real. Mientras que en el mismo MORENA hay dificultades en la propia construcción del partido, en la sucesión de su dirección, porque se nos aparece un tema común a la izquierda en América Latina, como es el peso del liderazgo de una persona. Bolivia y Brasil, son un ejemplo. Y en el caso de MORENA existe también ese problema. AMLO tiene una fuerza significativa en la conducción y eso es otra parte del problema. Tienes un proceso en donde lograste ganar la representación política a nivel de los organismos del Estado, pero la construcción del poder es algo que recién se está iniciando. Y hay que modificar instituciones en un calendario muy intenso.
–¿Cuáles son los cambios que están en marcha en el marco de la 4T?
–Para citar un ejemplo, en el sistema de salud se está intentado construir otro de carácter universal. Y algo similar en el sistema de pensiones, porque tenemos un sistema prácticamente privatizado, ni siquiera mixto. Se está intentando reconstruir todo el sistema de salud y de seguridad social, pero sin afectar esta parte de pensiones. En el caso de la educación pasa lo mismo. La reforma educativa de Enrique Peña Nieto fue anulada, aparece una nueva pero otra vez con tensiones, donde las ONG salen a defender la anterior reforma, y ahí está, no se destraba. Tenemos muchos escenarios de disputa. Ese el punto.
–¿Es una gestión cruzada por tensiones de distinto tipo?
–Creo que el problema mayor es que la economía mexicana viene de un largo período de bajo crecimiento económico. Entre 1982-2019, tuvimos un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del 2,1% con un incremento equivalente de la población. Estancamiento puro. Desde la llegada al gobierno de Peña Nieto, esa tendencia se acentuó. Si nos ubicamos antes de esa gestión, era de 2,4-2,5%. Tampoco era mucho más. El problema es que el Gobierno actual no ha logrado modificar ese proceso. Ahí está en mi opinión, la tensión mayor. Hay un esfuerzo, pero si no logramos modificar esa tendencia del comportamiento de la economía, si no hay crecimiento económico, los programas empujados por el Gobierno no se van a poder realizar.
–¿Se refiere a las diez acciones y proyectos que el Gobierno puso a consideración de los ciudadanos a través de la Consulta Nacional Programas Prioritarios?
–Así es. El que se lleva más recursos es el programa de pensión mínima para adultos mayores, una pensión mínima que tiene carácter universal. Luego hay una suerte de becas para los jóvenes, en dos versiones: una, para capacitarse en distintas empresas que se inscriben en un registro y convocan trabajadores, y otra para los que están estudiando. Y luego, uno para campesinos para sembrar y construir. Hay más, pero estos son los tres principales que guardan un intento redistributivo y tratan de modificar las condiciones de vida de estos sectores de la población, de incentivar el consumo y, en el caso de los jóvenes, darles expectativas hacia adelante. Mi opinion es que estos programas no representan un cambio verdadero si no hay un cambio en la estructura productiva que permita que efectivamente el crecimiento se asiente en la sociedad, porque finalmente cuando vemos en la matriz insumo/producto, la última columna, la de consumo final, es secundaria si no hay eslabonamiento entre todos los demás sectores. Lo que importa para tener crecimiento sostenido es el consumo de producción, el que se realiza entre todos los sectores. Y ese es el que no está avanzando.

–En distintas publicaciones usted sostiene que a través del crecimiento económico se resolverían la mayoría de los problemas. Pero, ¿cómo?
–Creo que así es, pero no cualquier crecimiento, porque ahí viene el segundo problema. Debe ser un crecimiento que esté afincado en múltiples actividades económicas productivas dentro del país. Por ejemplo, el Gobierno tiene cuatro o cinco proyectos de infraestructura importantes, uno de ellos es el del aeropuerto de Santa Lucía, cercano a la zona metropolitana de México DF, que llevaría a que la capital tenga tres aeropuertos. El otro proyecto es el Tren Transoceánico, una línea de ferrocarril de vía angosta, un corredor de 300 kilómetros de largo que uniría el océano Pacífico con el Atlántico, con terminales en los puertos de Salina Cruz, en Oaxaca, y Coatzacoalcos, en Veracruz. Un proyecto que se viene pensando desde el inicio de la construcción del Canal de Panamá, para ser un paso alternativo a dicho canal. Y luego está el Tren Maya, que estaba pensado para construirse en la zona turística de la Riviera Maya, que ahora se extiende pasando por otras localidades, pero conectando toda la amplia zona vinculada con el turismo. Estos son los tres proyectos principales en términos de comunicación.
–¿En lo energético también hay proyectos?
Otro relevante es el cambio en el funcionamiento de la petrolera estatal, PEMEX, con la construcción de una refinería en el estado de Tabasco y la reconfiguración de las seis refinerías que tiene el país. Todas fueron construidas hace muchos años, y no es que estén fuera de capacidad de operación sino que en el pasado teníamos petróleo ligero de excelente calidad, equivalente al mejor petróleo de Arabia. Pero lo acabamos todo exportándolo. Y hoy en día son crudos muy pesados, donde casi competimos con Venezuela, uno de los grandes productores del mundo, con mayores reservas que Arabia, pero de crudos pesados. Entonces las refinerías tienes que reconfigurarlas, ya que están trabajando algunas al 30% de su capacidad, en un abandono completo. Este es uno de los proyectos clave, obviamente muy objetado, y que implica disputas con las calificadoras que casi sacan de rango de inversión a PEMEX, que critican al propio Gobierno y que quieren bajar la calificación de la deuda mexicana.
–¿Cuál es el conflicto de intereses?
–Lo que quieren es que México solo siga sacando petróleo y lo exporte y que le sigamos comprando gasolina a Estados Unidos. Que es lo que hacemos. Cuando AMLO asumió importábamos el 70% de la gasolina que se consume en el país. Es el único país del mundo con esa capacidad de petróleo que actúa así. No sé por qué AMLO no hace más hincapié en ello. Hay un proyecto para obtener capacidad nacional de generación de gasolina y otros energéticos que el país necesita para seguir creciendo. Esto, sin embargo, es parte de una discusión interna muy fuerte. Incluso desde la izquierda se le critica al presidente que no presta atención al hecho de que estamos en la época de las energías alternativas y que hay que pensar en ellas. Como si esa alternancia se construyese de hoy para mañana. De todas maneras tienes que tener capacidad de modificación del petróleo, porque es el bien industrial de mayor uso. Este proyecto es clave.
–¿Todos estos proyectos tienen como objetivo generar puestos de trabajo genuinos y atraer inversiones?
–Son los proyectos más ambiciosos. A fines del año pasado se presentó un programa de infraestructura y de inversiones públicas más amplio, porque se reconoce que hay un problema de poco crecimiento, entonces se plantea un programa relevante como medidas anticíclicas. Son obras de muy diversa naturaleza. Otro proyecto que me parece muy importante es que está por crearse una suerte de empresa pública para proveer de internet a todas las zonas del país donde no hay acceso porque no son rentables.
–¿Cuál es el punto de partida?
–La red de internet más potente de México es de una empresa pública, de la Comisión Federal de Electricidad. Incluso en la época de Peña Nieto, con las reformas que se hicieron, la Comisión licitó algunos de los hilos de la red a empresas privadas para su uso. Es menos densa que la de Teléfonos de México (TELMEX), pero cubre mucho más territorio. Con base en esa red es que se va a crear esta empresa pública, para lograr conectividad de todo el territorio. Una decisión extraordinaria. Y quizás hoy no lo dice el Gobierno, pero es una red para conectar todo el sistema de enseñanza pública y de salud del país, incluso conectar todo el sistema público de la administración federal. Pero además, le quitas así el 20% del mercado a las privadas. Esta es una idea extraordinaria, siendo consciente de que las decisiones se van tomando sin descuidar el conflicto político.
–¿Cuáles son entonces sus expectativas para lo que resta del gobierno de AMLO?
–Si tengo un punto de vista crítico es para construir una opción, que sin dudas, tenemos posibilidades de construir. Siempre digo que el cambio político electoral lo ganamos los ciudadanos, no AMLO. Entonces, si nosotros no somos capaces de empujar, vamos a perder, pero confío en que tenemos esa capacidad. Por eso mi apuesta es positiva y por eso tengo este punto de vista crítico, porque creo que es necesario señalar las dificultades, señalar límites para intentar modificar las cosas teniendo en claro que los que están contra este proyecto están en otro lugar, y a ellos es a quienes hay que acotar y ganarles.