UNICABA, una iniciativa de inspiración antidemocrática
Pablo Imen
Director de IDELCOOP

En marcha. Fuerte rechazo de sindicatos docentes y el movimiento estudiantil. (Jorge Aloy)

La iniciativa del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, consistente en el cierre de los 29 institutos de Formación Docente y la apertura de la Universidad de la Ciudad de Buenos Aires (UNICABA) viene siendo resistida por parte de las instituciones formadoras, la universidad pública, referentes académicos, el movimiento estudiantil y una gran diversidad de actores y organizaciones.
Dos argumentos utilizados para legitimar la iniciativa remiten a la necesidad de jerarquizar la formación docente y a la falta de educadores y educadoras en la ciudad. Sin embargo, la creación de una universidad no resolverá estos problemas. A su vez, antecedentes de la política educativa del PRO no se condicen con este compromiso discursivo, ya que se verifica un empeoramiento sostenido de las condiciones laborales docentes: ni los salarios, ni la infraestructura, ni el equipamiento provisto por Mauricio Macri antes y Rodríguez Larreta ahora, sostienen la retórica gubernamental que ensalza a la educación pública. Además, los recientes acuerdos con el Fondo Monetario Internacional dejan entrever nuevos recortes presupuestarios que tendrían efecto sobre el financiamiento de la educación.
Este proyecto, publicado a través de los medios de manera sorpresiva, motivó críticas referidas a las dimensiones político-ideológicas, pedagógicas y económico-financieras. En relación con las primeras, se advierte una inspiración antidemocrática que apunta a la desaparición de gobiernos colegiados que existen en los actuales profesorados, que funcionan y que han revelado en estos años una valiosa autonomía frente a decisiones del Poder Ejecutivo de la CABA. Por ejemplo, ante algunas iniciativas gubernamentales realizaron críticas fundadas y formularon propuestas de alternativas superadoras. La desaparición de estos modelos de gestión democrática y participativa preanuncian la imposición de autoridades sometidas al dictado del Poder Ejecutivo, con indudables implicancias en la rebaja de la calidad democrática de la nueva institución.
En el plano pedagógico se registra una centralidad acrítica de la tecnología como dispositivo de enseñanza y una devaluación del papel de la relación personal y el lugar del educador y la educadora. Como corolario, la semipresencialidad como sinónimo de innovación y la precarización laboral son dos caras de una verdadera devaluación educativa.
La exigencia de formar para los operativos estandarizados –sinónimo oficial de «calidad educativa»– es un objetivo expreso de la política educativa nacional. Esta definición no indica solo lo que los estudiantes deben aprender, sino también lo que los docentes deben enseñar. El tema es muy relevante pues el recetario pedagógico oficial bascula entre formar eficaces papagayos repetidores de conocimientos elaborados por expertos y socializar a ingeniosos emprendedores que se conviertan en sus propios capitalistas y no esperen de los demás la solución de sus problemas.
Muchos de los actores educativos cuestionan estos fines y proponen otros, ligados con formar sujetos críticos, integrales, solidarios, afectuosos y alegres, lejos de la gestión de competencias que exige la pedagogía «managerial» oficialista.
En el plano económico, se denuncia que la desaparición de los institutos tendrá como correlato la pérdida de puestos de trabajo, especialmente entre interinos y suplentes, pero también en la cobertura de cargos institucionales existentes en los profesorados.
La UNICABA no puede disociarse de la política educativa en la ciudad ni de la política educativa nacional, ejecutadas por la misma fuerza política. Esta última avanzó en ingentes reducciones presupuestarias, en medidas de fragmentación del sistema educativo nacional y en la introducción de nuevas oportunidades de negocios en el campo de la educación pública.
Estas políticas se han ganado, así, el rechazo de sindicatos, del movimiento estudiantil y de numerosos colectivos docentes. Como lo demuestra la historia de nuestro país, no se pueden hacer cambios profundos en la educación sin los/las docentes y, menos aún, contra los docentes. El final de esta historia no está aún escrito.