Vacunas
Santiago Varela

(Ilustración: Pablo Blasberg)

Las callecitas de Buenos Aires tienen ese no sé qué. Voy caminando por Florida y me cruzo con un arbolito amigo, el Gordo Barriga, que, detrás del barbijo, voceaba:
–Dólares, euros, vacunas, dólares…
–¿Cómo vacunas? ¿Vendés vacunas también? Vos estás loco Gordo.
–No dolape, se vende lo que demanda el mercado, y hoy el mercado demanda vacunas. ¿Qué te puedo ofrecer?, tenemos la rusa, la de Trump que iba a estar en noviembre, la china que viene con palitos, una de González Catán que está a precio de ganga.
–Pero escuchame, loco –dije algo sorprendido, pero no mucho porque en Argentina es difícil sorprenderse de algo–, esto es en serio, no se puede joder.
–Yo no jodo, yo soy un emprendedor. ¿Acaso no hubo gente de guita que hacía tours a Miami para vacunarse y aprovechar la playa? Yo la vendo aquí a un precio accesible.
–Pero atendeme, Gordo delincuente…
–Emprendedor –corrige.
–Escuchame, en ninguna parte del mundo hay vacunas, los países no pueden vacunar, ¿de dónde las sacás vos?
–De ningún lado –me contestó mientras acomodaba una conservadora de helados para demostrar que tenía con qué mantener la cadena de frío–. ¿Qué hacen los grandes laboratorios? Venden vacunas, ¿cierto?
–Cierto.
–Las venden, cobran la mosqueta en dólares, euros, australes, lo que sea, pero…
–¿Pero?
–Pero no las entregan. Negocio redondo. Un mercado de 5.000 millones de clientes, todos agarrados de las glándulas y del miedo. Los dueños de los laboratorios privados hace dos meses que están destapando botellas de champaña. Jamás pensaron que una pandemia les daría tanta alegría. Todos van a comprar y ellos facturan y cobran, pero como no pueden fabricar tantas te dejan colgado puteando en arameo. Bueno, yo hago lo mismo, vendo, cobro, pero como no tengo, no entrego. Si lo hacen ellos que son ejemplos de empresas del primer mundo, ¿por qué no lo voy a hacer yo que soy un emprendedor nacional y popular?
–Tenés razón, Gordo, pero eso está mal. Los países, la gente, necesitan la vacuna. Los gobiernos tienen razón en estar enojados y muchos peleados porque no cumplen lo prometido.
–No solo no cumplen lo prometido sino que los países más poderosos hacen cualquier cosa por quedarse con todos los frasquitos. ¿Te acordás cuando bajaba un avión a cargar combustible y les afanaban los barbijos? Eso pasó. Países que quieren ser modelos.
–Cierto, Gordo. Por suerte nosotros la hicimos bastante bien, negociamos con todos, y del que nos mande agarramos –dije componedor.
–Mirá, dolape, la solución es hacerlas aquí y en eso están –me dijo, me saludó con el codo y siguió con su emprendimiento de arbolito que vende dólares, euros y vacunas.