Viento del sur
Después de Neuquén
Tras el resultado de los comicios en la provincia petrolera, con más implicancias locales que proyección nacional, Cambiemos prepara su campaña para octubre golpeado por las malas noticias de la economía y las internas con sus aliados radicales.
Daniel Vilá
Periodista

Vigencia. El gobernador Gutiérrez revalidó la histórica hegemonía del MPN. (Télam)

Las recientes elecciones neuquinas aportaron elementos que permiten profundizar en el análisis de las condiciones en que se desarrollará la actividad política de los próximos meses. Se verificó, por ejemplo, la falibilidad de las encuestas, potenciada por la reticencia de los ciudadanos a revelar su intención de voto y la preminencia de las consultas telefónicas por sobre las domiciliarias en razón de su menor costo, una práctica que limita el campo de los consultados. Por otra parte, tanto la mayoría de los medios de comunicación como muchos dirigentes políticos aludieron a la proyección nacional que tendría el resultado, una especulación que demostró ser incorrecta porque omitió considerar las características locales. Debido entre otras razones al «efecto Vaca Muerta», la desocupación no tuvo allí la misma dimensión que en otros lugares del país y es notorio que el Movimiento Popular Neuquino (MPN) gobierna la provincia desde hace 57 años con altos niveles de adhesión y acredita una sólida estructura aun en los pueblos más pequeños.  Los cómputos  finales impiden despejar la incógnita sobre lo que podría suceder en octubre, ya que el MPN ha enfatizado que no apoyará a ningún candidato presidencial.
Situaciones similares a la de Neuquén se producirán presumiblemente en muchas de las provincias que han adelantado los comicios. En Córdoba, el previsible triunfo de Juan Schiaretti ante la ruptura de la alianza Cambiemos y la debilidad del kirchnerismo en el distrito, nada dicen sobre el destino que tendrán los sufragios obtenidos por el peronismo conservador de Unión por Córdoba, dada la disconformidad generalizada con la gestión nacional. Tampoco la posibilidad de una victoria del candidato de Alfredo Cornejo en Mendoza, o de Gerardo Morales en Jujuy, asegura que esos votos concurran a respaldar la reelección de Mauricio Macri o la eventual candidatura de quien fuese designado para reemplazarlo.   
Un hecho que debe merecer especial consideración es la constatación de que en Neuquén se produjeron serias irregularidades en el funcionamiento del sistema de Boleta Única Electrónica que ya había sido cuestionado por los expertos. Uno de los más destacados,  Ariel Garbarz, advirtió que  con un celular cargado con una app especial es posible modificar la grabación dentro del chip de la boleta. Una señal de alerta ante la incorporación de tecnología anunciada por el oficialismo con el proclamado objetivo de que cada escuela se convierta en un centro de transmisión de datos «para agilizar los tiempos y homogeneizar la carga de los resultados».


Un largo camino
Más allá de estas circunstancias, la catástrofe económica y social generada por las políticas en curso, de la que se han hecho eco los principales medios de comunicación de todo el mundo, genera la sensación de que octubre es una meta lejana. Al deterioro de la credibilidad oficial, agravado por las nuevas directivas de los asesores de marketing, convencidos de que entrenar a los funcionarios para que le griten a su auditorio es una estrategia conveniente, se suman el incontenible avance de los precios de los productos de primera necesidad, el cierre de miles de pequeños comercios  y talleres,  el brutal incremento de las tarifas y un dólar indomable que solo puede ser controlado mediante el permanente aumento de las tasas.
Acorralados por la ausencia de logros, la abrupta caída de la imagen presidencial y las propias contradicciones internas, los gestores de Cambiemos buscan desesperadamente un plan que les permita arribar a octubre con alguna chance de competir. Todos los intentos por convencer a la población de que «lo peor ya pasó» resultaron infructuosos y la idea de imponer una agenda en la que primen la lucha contra la inseguridad y la corrupción se desmorona frente a una realidad en la cual acaba de develarse una trama que involucra a un juez y un fiscal en escuchas ilegales, operaciones al margen de la ley, connivencia con agentes encubiertos y extorsiones.
El denominado «plan V», pergeñado por los más pesimistas entre los oficialistas, consiste en que Macri dé un paso al costado y María Eugenia Vidal encabece la boleta. En la provincia de Buenos Aires, piensan, podría postularse la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, considerando su experiencia en el asistencialismo, el único instrumento disponible para intentar paliar la dramática situación social. Pero el jefe de Gabinete, Marcos Peña, no está dispuesto a considerar esta eventualidad. Por ello logró comprometer a Vidal y al jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, a no desdoblar las elecciones en sus distritos y sostener a rajatabla la reelección de Macri, con un argumento irrebatible: ambos son identificados por los electores como fieles sostenedores de las políticas oficialistas.

Juntos. Macri y Vidal, a todo o nada. (NA)

Como si fueran pocos los problemas del macrismo, los aliados radicales han decidido hacer valer el peso de su estructura y amenazan con enfrentar al Pro en las PASO con una fórmula propia para las presidenciales, un proyecto que difícilmente llegue a concretarse. No obstante, el apriete comenzó a funcionar con éxito en algunas provincias. Si bien la mayoría de la dirigencia parece seducida por el planteo,  en el centenario partido coexisten corrientes que coinciden en el objetivo pero no en las propuestas. Quienes siempre se opusieron a la alianza postulan un difuso regreso a las fuentes «nacionales y populares» (Ricardo Alfonsín, Juan Manuel Casella, entre otros), un sector de los que la apoyaron (Ernesto Sanz, Cornejo) solo busca ocupar más espacio dentro de Cambiemos, pero el sector que integran el ministro de Defensa, Oscar Aguad y el cordobés Mario Negri se niega a poner en riesgo la integridad del oficialismo.
Mientras el Partido Justicialista, Unidad Ciudadana y otras organizaciones afines  avanzan lentamente hacia la consolidación de un frente antimacrista y la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner persiste en una indefinición sobre su candidatura, que ya preocupa a algunos de sus aliados, Sergio Massa, líder del Frente Renovador, ha sido invitado a participar de ese proceso en un momento político  particularmente delicado para él. Es que sus hasta ahora socios de Alternativa Federal ven con buenos ojos la candidatura de Roberto Lavagna, quien exige su consagración directa sin pasar por las PASO, lo que lo obligaría a resignar sus ambiciones y conformarse con encabezar la lista en la provincia de Buenos Aires.
A priori, Lavagna tendrá un débil respaldo si finalmente Massa –el único entre los federales que tiene un caudal propio– resuelve alejarse de un conglomerado cada vez más inclinado hacia la derecha y sumarse a la unidad peronista. Pero la conflictividad de esta etapa favorece las más extrañas alquimias. Sobre todo porque el exministro de Economía, debido a su edad, no podría aspirar a la reelección y está, por tanto, en condiciones de proponer un gobierno de «unidad nacional» que les permitiría ganar tiempo a los beneficiarios de las políticas imperantes. Por lo pronto, el establishment económico y los comunicadores de los medios hegemónicos ya le han dado el visto bueno a su postulación.