Vox Lux
Brady Corbet

Antes de debutar en la dirección a los 25 años de edad, el actor estadounidense Brady Corbet ya había trabajado en películas de Michael Haneke, Lars von Trier y Olivier Assayas. Y no es difícil detectar cierta voluntad de provocación, propia de estos cineastas europeos, en Vox Lux, que fue definida por algunos críticos entusiastas de su país como un «comentario salvaje» sobre la cultura pop y el terrorismo «con cierta veleidad literaria». El propio Corbet dice concebirla como una especie de subversión de la fórmula de Nace una estrella, cuya última remake, con Lady Gaga, se estrenó más o menos al mismo tiempo que este film recorría festivales como Venecia y Toronto, el año pasado. Y hay algo de Gaga, pero también de Madonna y de Britney en la narcisista, destellante, algo descarriada popstar Celeste, a la que Natalie Portman interpreta en la segunda mitad de la película –con esa intensidad que parece no poder bajar desde El cisne negro–, incluyendo un cuarto de hora de recital en tiempo real con canciones compuestas por SIA. La historia arranca en 1999 y al principio golpea, es intrigante y bastante irresistible, poniendo en escena, efectivamente, la cara contemporánea del terrorismo. Y a partir de ahí, teje un sugestivo vínculo entre la violencia, el odio y la construcción de una idolatría pop y su explotación corporativa. No siempre está claro cómo interpretar qué es lo que estamos viendo, pero en cualquier caso eso parece ser lo mismo que podría decirse del siglo XXI.

Mariano Kairuz