Wërra
Federico Jeanmaire - Anagrama - 408 páginas

La guerra como negocio, como oportunidad, como espectáculo en vivo o en ficciones televisivas; la guerra como una versión amplificada de la locura, como oda a la superación del tabú de matar, como tejedora de engaños, como impiadosa herramienta de dominación. Estos son apenas algunos de los territorios de sentido que explora Federico Jeanmaire en Wërra, su ficción más reciente, que sobre el final retoma una figura muy suya: el Quijote. El autor articula en estas más de 400 páginas, divididas en breves capítulos titulados con nombres propios, una novela oscilante entre la literatura y el ensayo. El narrador es un argentino que reside durante una temporada en Saint Nazaire, justo cuando Francia ataca Siria. Ese detonante lo hace recapitular sobre diferentes batallas, evaluar impresiones, imaginar escenarios actuales y posibles ataques: «Medio siglo más tarde de las andanzas de Combate (...) no hay tanto para hacer. Por eso, quizás, es que suelo perder mis mañanas pensando en las guerras mientras desayuno café con un chausson aux pommes y leo el diario en Les Dauphins». Entre el presente y la evocación, se remonta a escenas transcurridas en distintas épocas y geografías, las relaciona con recuerdos propios, como el de la serie que miraba junto a su padre, quien se había ofrecido como voluntario en las Malvinas y, al ser rechazado, «tuvo que mirar la guerra desde mi pueblo. Por televisión». Las señas metatextuales le dan frescura a un relato que, como los ensayos de Montaigne, eligen el devaneo intelectual para desgranar cada subtema, del suicidio a los fundamentos de «matar con entera libertad», sobre los que se permite mil dudas. En estas elucubraciones y en las escenas que muestran a personajes históricos en acción, se abre una matrioshka narrativa, cuyo hilo expansivo triunfa en la paradoja del intento fallido de querer agotar el sentido de lo atroz, cuyo significado final jamás se termina de atrapar.

Sonia Budassi