Ya no mires atrás
Luis Alberto Spinetta - Sony Music

Ya no mires atrás es el segundo disco póstumo de Luis Alberto Spinetta. Fue grabado entre 2008 y 2009, en el lapso comprendido entre el álbum Un mañana y el concierto de las Bandas Eternas. La historia es conocida: se trata de una grabación que permanecía en un pendrive y que, al morir, fue hallada por sus hijos. La pregunta contrafáctica de por qué no editó en vida este material pierde espacio mientras van pasando las siete canciones. Lo que Spinetta dejó es un tesoro que está a la altura de lo mejor de su trayectoria. Con la misma banda de Un mañana –Claudio Cardone, el Mono Fontana, Nerina Nicotra y Sergio Verdinelli–, abunda en mid tempos sensibles y se desliza por un sonido que él mismo patentó: un pop jazz pulcro, prístino. Rescata un tema jamás grabado por él, de los años de Jade («Nueva luna, mundo arjo»), y lo arropa de un sutil sabor a bossa nova. Arranca bien arriba con «Veinte ciudades», que hubiera sido un hit instantáneo en los años 80. Convoca a sus hijos Dante y Valentino en «Merecer» (y su tan spinetteana frase: «No seas tan pronto mi Monalisa, por favor») para que rapeen a piacere y se acerca, así, al año 2020, en el que Eminem se lanzó a rapear sobre «Amame Petiribí», de Pescado Rabioso. La mayoría de los temas habla del amor profundo y, como es habitual en su obra, abunda en palabras como «distancia», «luz», «tiempo». Los dos últimos iban a integrar un disco de Grace Cosceri, su coach vocal: «Luces y sombras» y «Diadema». Tal vez porque fueron pensadas para otra voz, Spinetta utiliza un registro alto en ambos. «Diadema», con música de Alejandro Franov, tiene una belleza insondable. Íntima, pequeña, frágil, la canción es el cierre de oro de un disco que perpetúa la leyenda y despliega la fantasía de que nada ha cambiado: Spinetta tiene disco nuevo y su público lo disfruta con devoción. Hay algo celebratorio en esta dinámica espectral que podría definirse con el título de otra de sus canciones: «La eternidad imaginaria».

Mariano del Mazo