Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos
Emmanuel Carrère - Anagrama - 367 páginas

Philip K. Dick nació en 1928 junto con Jane, su hermana melliza. Antes de cumplir dos meses, ella murió. Según Emmanuel Carrère, el autor de Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, no hubo un día en el que no recordara la pérdida. Por momentos con tristeza, en otros con la intuición de que una parte de él se había quedado del otro lado del espejo, en un «mundo-tumba». Dick pensaba que había «que escribir un libro que contara eso: cómo alguien descubre que en realidad estamos todos muertos». No le alcanzó un libro para desarrollar su tesis. Escribió 36 novelas y 121 relatos en menos de 30 años. Carrère, en su adolescencia parisina, leyó de un tirón lo que le llegaba de ese escritor tremendamente imaginativo. Desde entonces, en palabras del autor, «la obra de Dick no ha hecho más que crecer». En la biografía reeditada por Anagrama, Carrère se propone indagar cómo se construye un genio. Como pista principal se apoya en su voluminosa obra. Ese es el entramado que arma: una cruza de biografía y ficción que nos lleva de viaje por las múltiples dimensiones del universo de Dick. El hombre en el castillo fue su libro clave. A partir de ese momento, según Carrère, da con el zeitgeist de la época: el centro del mundo lo empiezan a ocupar los marginados, y su literatura empieza a ser leída y comentada. Sin embargo, su situación económica, afectiva y mental fue empeorando. Posesivo hasta la destrucción, acaba con un matrimonio detrás de otro. Luego, para no matarse llena su casa de freaks y yonquis. El derrotero, que Carrère narra con vértigo, continúa por un tobogán que lo lleva a alimentar su paranoia con anfetaminas, hasta sentirse en un escenario controlado por la CIA y el FBI; a dialogar con un dios omnipresente que le transmite su palabra para que la convierta en literatura; a internarse en un neuropsiquiátrico. En ese contexto, como un Quijote esquizoide, Dick escribió una obra fundamental.

Damián Huergo